2 may. 2012

- Law of Attraction -

Siempre había oído hablar de la Ley de la Atracción, aunque con más ahínco de hace unos años hasta ahora, sobre todo tras el «BOOM» de la filosofía «New Age».
En resumidas cuentas lo que reza es algo así como el tener un fuerte deseo, algo que, si lo deseas con la fuerza suficiente, termina realizándose porque tú mismo has estado atrayéndolo con tu mente.
Suena a trama de película de serie B, pero al parecer está demostrado empíricamente en algún lado.
Nunca le hice demasiado caso, nunca me sonó convincente y opté por no tomármelo en serio. Hasta que sucedió algo.
Una noche. Una fiesta. Había bebida, había música y también un chico bailando cerca. Estuve toda la noche deseando que pasara algo entre nosotros, y pasó.
Al día siguiente y con la mente más refrescada, recordé ésta teoría.
«¿Podría haber sido cosa de la Ley de la Atracción?»
Recuerdo que sacudí la cabeza mientras trataba de organizar el resto de mis ideas dentro de mi cabeza y, riendo mientras consideraba el asunto una absoluta locura, desterré esa conclusión que sonaba tan disparatada.
Después de eso, no niego que me siga reconcomiendo un poco la idea de pensar que pudo haber sido eso. Llegados esos momentos, vuelvo a poner en práctica la estrategia. Pero nunca, después de esa noche, ha vuelto a funcionar igual.
Por eso intento olvidar esa absurda teoría cuando regreso a casa. Por eso trato de no imaginarte de pie, inmóvil, esperándome al llegar al portal y alzar la vista hacia la puerta acristalada que comunica con el otro lado de la calle, esa que es más estrecha y que en raras ocasiones uso.
Aún así, a pesar de tenerlo claro en cuanto lo pienso, ni con esas logro dejar de intentar atraer tus labios cuando te tengo cerca, ni tus abrazos cuando me siento débil y frágil, ni tu sonrisa cuando me quedo sin luz en el camino.
La ley de la Atracción no existe, y a pesar de ello, sigo aferrándome a ella como una ilusa, hasta que por fin, ese deseo se cumpla: Tú.