15 may. 2012

No gain...

En el suelo se dibujaban dos sombras, dos siluetas. Una femenina. La otra de un chico. Estaban de pie, una frente a la otra, inmóviles. Las horas pasaban veloces, hasta que pronto las manecillas del reloj dieron muchas más vueltas de las que fui capaz de contar. Las siluetas no se habían movido un ápice. Y entonces comenzaron a desvanecerse, a deshacerse de la cabeza hasta los pies, lentamente, convirtiéndose en polvo. 


Polvo de lo que pudo haber sido y que, por miedo, nunca fue.