27 jun. 2012

Love song requiem


Emily abre los ojos lentamente, sabiendo de antemano que la luz es escasa. Tendida en la cama sobre su costado izquierdo, mira fijamente el reloj despertador, (ese modelo clásico que tanto le costó conseguir en las tiendas y que por fin, gracias a Daniel, reposaba en su mesa de noche) cuyo tic tac, generalmente imperceptible, hoy retumba en su cabeza como si se tratara de las campanadas de una catedral. 


Suspira. Está sola en casa esta noche, por lo que no tiene con quien desahogar su angustia. En su cabeza rondan sin ton ni son pensamientos sobre Daniel. Se imaginaba infinidad de situaciones idílicas junto a él. Más que idílicas, utópicas. Se había enamorado sin darse cuenta, ahora tenía que pagar el precio, ya que a fin de cuentas, le había quedado claro de que la esperanza se había quedado sin plaza en este tren.  

I die each time you look away. My heart, my life… will never be the same.

Amanece. Otro día más. La rutina de Emily era asfixiante, monótona y aburrida, (como la mayoría de las rutinas) salvo que ésta incluía ver a Daniel cada día. Una parte de ella era feliz simplemente por ese único motivo, pero otra parte sufría horrores por la indiferencia de éste con ella. Esa arma de doble filo la sesgaba a cada momento; cuando lo abrazaba y su corazón se aceleraba cual caballo desbocado y en cambio él se separaba de ella a los pocos segundos; cuando él desviaba la mirada mientras hablaban con gesto de hastío… era superior a todas sus fuerzas. Era como si frente a él tuviera un grueso muro de cristal.

Y regresa a su casa como cada noche. Se ducha y cena de manera rutinaria, prácticamente automática. Se acuesta pensando en lo mismo. Y vuelve a pasar la noche en vela, mientras las tinieblas inundan, además de la estancia, a sus sentimientos.

One breath, one touch… will be the end of me.

El reloj ha dado muchas más vueltas a sus manecillas de las que Emily ha sido capaz de contar. Las hojas del calendario han ido cayendo por su propio peso, pero estaba casi segura de que aún seguían marcando el día incorrecto.

«Y encontraré la lluvia que limpiará el pasado, sabiendo que mi corazón se romperá y el dolor por fin se irá»

Probablemente sean ya más de las once de la mañana. Un miércoles. Ya llamaría para excusarse en la oficina, estaba demasiado abatida. Tenía que encontrar la cura a tantas noches de insomnio. El sonido de la lluvia contra el techo le hace tener una idea que podría suponer el fin de todos los problemas. Se levanta y se viste con lo primero que encuentra en el armario: pantalones vaqueros, zapatillas deportivas, camiseta ancha desgastada. Perfecto.

This love will take my everything.

Las calles estaban vacías de viandantes a causa de la lluvia, por lo que Emily puede correr a su antojo a lo largo de todo el trecho que bordeaba el bravío mar, delimitado por un pequeño muro de piedra que le llegaba a la altura de la cintura. Las olas azotan con ferocidad la pared que descendía escasos metros bajo el muro, sobresaliendo por encima de éste, bañando por completo las aceras de espuma.

Y allí está. Daniel mira fijamente al enfurecido mar, empapado por la lluvia y las grandes olas, que alcanzan una altura considerable por encima del muro. Emily sigue corriendo hasta él, a pesar de que sus pulmones ya escuecen a causa del esfuerzo y de las cantidades ingentes de sal que estaba tragando al tratar de respirar.

En cuanto llega hasta él, se detiene a su lado, recuperando el aliento con dificultad. Daniel ni se inmuta. Está absorto en los movimientos enfurecidos del mar. Emily, rota por dentro, estira la mano para acariciar su brazo cuando topa con el muro de cristal. En ese preciso instante, Daniel gira la cabeza y se encuentra con sus ojos. Mirándola fijamente, gira el resto de su cuerpo hacia ella, estirando sus brazos para tocarla, atravesando éstos el muro de cristal como si de una cortina de agua se tratara. Le agarra con firmeza ambos brazos sin apartar ni un momento la mirada de ella, que no puede apenas respirar, el corazón le va a mil por hora. Lentamente, sube una de sus manos hacia su rostro, apartando el pelo que se había pegado a sus mejillas por efecto del agua y el viento tras la carrera. Le acaricia lentamente el rostro desde la sien hasta la barbilla, posando la mano sobre su cuello.

Maybe he will save me in the oceans of his dreams…

Daniel se inclina lentamente, pero con decisión, sobre el rostro de Emily que sigue inmóvil dejándose llevar por la situación, por este nuevo Daniel, el Daniel que lleva esperando tanto tiempo.

… And maybe someday love.

A penas quedan escasos milímetros para que sus labios por fin se toquen cuando un halo de luz aparece ante ellos, Daniel se difumina y desaparece en el mismo momento en el que una enorme ola logra burlar el muro, reventándolo justo frente a Emily, que sacude la cabeza con rapidez intentando discernir si se trata de un sueño o de la realidad.

Daniel no está. ¿Se lo había llevado la ola? Emily mira hacia todos lados respirando agitadamente. ¿Todo este episodio con él era real o era una alucinación fruto de su confusión?

Tras ella, que sigue afanada en su búsqueda de Daniel, lentamente comienza a hacerse visible una versión más elegante de sí misma. Va vestida de negro, con un pantalón ajustado, altos tacones y camiseta desenfadada acorde con el estilo. Lleva una cola de caballo que estira por completo su rostro, perfectamente recogida sobre su coronilla. Parece ni siquiera mojarse, simplemente la mira y suspira, a la espera de que llegue esa ola que rompe otra parte del muro y engulle a la primera Emily, a la de carne y hueso.

Emily will find a better place to fall asleep.

Desde su espalda nacen unas brillantes y relucientes alas que cierran con suavidad en torno a ella. Alza la vista para otear por última vez el paisaje, recreándose en el olor a lluvia que tanto le había gustado desde pequeña, en el mar, cuyos misterios siempre le inspiraron… y de repente, frente a ella, a través de la lluvia y los restos de la ola que acababa de reventar contra el muro, irradiando la misma luz, estaba Daniel, que sonreía estirando por completo sus alas mientras camina hasta ella.

Una vez frente a frente, él extiende su brazo orientando la palma de la mano hacia Emily, que estira sus propias alas y, lentamente, posa su mano sobre la de él. Ambos sonríen mientras una fuerte luz ilumina todo de tal manera que no se distingue paisaje alguno.

Y lentamente sus figuras se desdibujan.