26 dic. 2012

Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario...

- Si profanara con mi mano indigna este sagrado altar, pecado de amor fuera.
Ruborosos peregrinos, mis labios prestos estarían a hacer penitencia para borrar tan brusco tacto con un tierno beso.

- En poco estimáis vuestra mano, buen peregrino, que sólo muestra humilde devoción; pues hasta los santos tienen manos que los peregrinos con las suyas tocan, y el tocar palma con palma es el santo beso del palmero.

- Y los santos, ¿No tienen labios? ¿Tampoco los santos peregrinos?

- Sí, peregrino, labios que han de dedicar en la oración.

- Pues entonces, amada santa, que hagan los labios igual que las manos, que recen para que la fe no se vuelva desesperación. 

- Los santos no se mueven, aunque acceden a las plegarias.

- Entonces no os mováis, mientras recojo el fruto de mis plegarias, así, gracias a los vuestros, mis labios limpios quedan de pecado.



- Ahora tengo en mis labios el pecado de los vuestros.

- ¿Pecado de mis labios? Oh falta dulcemente reprochada, ¡Devolvedme mi pecado!