12 may. 2015

Dame sólo un minuto.

Dame solo un minuto, llevo demasiado tiempo pensando en esto. 

¿Tu cómo estás? ¿Igual de nervioso? Te diré que te tranquilices, que todo saldrá bien. Te lo diré con la intención de creérmelo yo misma de paso. 

Dime que me deje llevar, a lo mejor así logro activar el piloto automático de mi cerebro. Creo que el interruptor se acciona más fácilmente desde fuera. 

Cógeme de la mano, creo que estoy empezando a temblar. Mi pulso, mi voz, todo parece sacudido con violencia por un terremoto. Aunque en el fondo, espero recibir algún temblor sudoroso de vuelta. Irónicamente, me tranquilizaré un poco más. 

Deja que vea esos ojos una vez más para sumergirme en ellos. No bajes la mirada, no la apartes. Un par de minutos solamente. 

Vayamos acercándonos, cerremos los ojos mientras nuestros alientos nos guían por el camino correcto. Hueles a menta. Espero que te hayas acordado de tirar el chicle. No quedaría muy romántico decirlo ahora. 

Suelta mi mano sólo si es para rodearme la cintura. Yo te rodearé el cuello con suavidad mientras la otra descansa en tu pecho. O sujétame el rostro, cualquiera de las dos me valdrá.

Roza mis labios, nota como mi pulso se acelera. ¿Para qué crees que habré dejado mi mano en tu pecho? Bingo. 

Pero espera un segundo, no vayas tan deprisa. Hay tiempo, mucho tiempo acumulado, todo el que necesitemos. La luna aún está baja, vaya si aún queda tiempo. 

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