2 jun. 2015

Into the night we'll be.

Fíjate en esta luz. La puesta de sol tiene un encanto especial. Nunca fui partidaria del naranja, pero ahora mismo es el mejor color del mundo. Solo me deja percibir tu silueta sin detalles, pero resulta suficiente. Incluso ese halo de serenidad que emana de ella, es como si pudiésemos percibir nuestras auras en el mágico instante del crepúsculo.

Las olas rompen a nuestros pies mientras la arena se enreda entre nuestros dedos. Está tibia, suave, absorbe toda la negatividad del día, dejándonos vacíos de malas sensaciones, reseteando nuestro estado de ánimo. He de decir que estar contigo también ayuda.

Las luces del puerto también desprenden ese halo especial. Burbujas de luz inundan el paseo, rompen en la superficie del mar, reflejan esa magia que sólo ocurre una vez al día.

Dame la mano un minuto, corre conmigo sin un rumbo definido. Hasta que la playa termine, pero no te detengas, aprovechemos este instante mágico que nos regala el cielo.

Tropecemos y rodemos por la arena. Entre risas y brisa no nos hará falta nada más, seremos nuestras propias toallas. Recuerdos de verano que perdurarán en nuestras memorias por largo tiempo.

¿Escuchas eso? Puedo escuchar esa melodía que parece hecha para nosotros, entre el tumulto que provoca los fuegos artificiales que ahora mismo revientan sin descanso dentro de mi cabeza.

Ya empiezan a salir las estrellas, va siendo momento de regresar, la noche es joven y tenemos mucho por hacer todavía.


Corazones que laten al unísono. Como uno solo.

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