24 ago. 2015

Before the rain.

No te conozco todavía. No se si te llegaré a conocer, puesto que en estos asuntos no he tenido la mejor suerte del mundo. Dicen que el tiempo de espera luego vale la pena, pero lo dice gente que lleva más años que yo esperándote en silencio.

No se cuándo te conoceré, no se si tan siquiera lo haré en esta vida, pero, por si acaso, quiero dejarte unas palabras. Palabras de consuelo para mi propia alma.

¿Habremos nacido en épocas dispares? ¿Me estuviste esperando el siglo pasado? ¿O estarás esperándome en el próximo? ¿Seguirá existiendo gente como nosotros dentro de un siglo? Doy por sentado que serás igual de romántico que yo, que encajaremos a la perfección, que serás de esos que me espere al final de la jornada con una copa de vino, un par de velas, una sonrisa y algo de música. Yo tengo pensado hacer lo mismo contigo.

He asumido que ya no nos escribiremos cartas, no podremos guardar cajas y cajas de declaraciones escritas a mano que podamos enseñar luego a  nuestros hijos, pero eso es lo de menos, ya improvisaremos algo.

No se si deberías ser consciente de las veces al día en que te pienso, en las sensaciones que recorren mi piel cuando imagino tu tacto. Pequeñas chispas, sacudidas eléctricas que tambalean de pies a cabeza todo mi sistema nervioso. Pulso acelerado. Puede que si tardas mucho más en llegar muera de un infarto la primera vez que tan siquiera me toques.

¿En dónde estás? ¿Qué estás haciendo ahora mismo? Espero que al menos estemos compartiendo país, pues yo tengo algo complicado añadir un sello nuevo a mi pasaporte ahora mismo. Puede que también esté dando por sentado que estás solo, igual que yo. A lo mejor no. En tal caso me resignaré, probablemente no haya sabido llegar a tiempo. O el titiritero del destino es un mal nacido que prefiere vernos sufrir antes de unir nuestros hilos.

Puede que me esté anticipando, puede que esté hablando con unos sentimientos en la mano que no sean tan inmutables como pretendo. Pero, a día de hoy, puedo asegurarte que te querré con todas mis fuerzas, te protegeré, seré el colchón que amortigüe tus caídas. Te besaré y abrazaré cada día, a cada momento, lucharé contigo, al igual que yo lucharé aferrada a tu mano.

Simplemente confío en que la tormenta esté terminando ya, que las nubes se disuelvan permitiéndonos avanzar de nuevo, hasta llegar al refugio en el que el otro estaba resguardándose y salir juntos a disfrutar de los rayos del sol.

No te conozco todavía, pero se que te quiero. Llevo años queriéndote en silencio, esperando día tras día, año tras año. No tardes mucho más, por favor. Me da igual que vengas sin caballo, sin casaca, sin sable. Simplemente, ven, para poder continuar este cuento, esta historia, juntos.



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