18 oct. 2015

Premisas.

Partamos de la premisa de un sentimiento aleatorio, un sentimiento englobado dentro de la zona del amor; más alejado, más cercano, pero encerrado en ese perímetro.

Partamos de hechos aleatorios que se entremezclan sin llegar a constituir un elemento en sí mismo, una pista, tan siquiera un camino.

Partamos de una medida de tiempo; horas, días, meses, años... ¿cuánto tiempo real se necesita para madurar un sentimiento? Para encontrarlo y definirlo, para seguirlo hasta el siguiente punto.

Partamos de una idea. No es tangible, no es certera, no es precisa; ni siquiera es real, pero existe. Desde que existe en el pensamiento puede existir en la realidad, recordemos a Einstein: «Si puedes imaginarlo, puedes lograrlo»

Teniendo el enunciado del caso nos toca escoger el método más efectivo de resolución. Pero hay una parte de la que nadie nos advirtió; no existe una guía, un libro que recoja cada método con su fórmula efectiva. No son problemas de matemáticas, no existen leyes aplicables ni tutor que nos oriente. Sólo disponemos de dos vías: el corazón y la razón. Esos grandes enemigos, esa eterna batalla.

Partamos entonces de que ninguno de los dos ya nos resulta fiable. Entonces...

¿Qué nos queda?



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