7 jun. 2016

Tengo una crisis creativa.

Pero de las gordas.
No una del tipo "no se me ocurre una idea, voy a pensar en otra", no. De las de vacío existencial, de las de pérdida absoluta de la fe.
Si, es verdad que estoy escribiendo, pero la gran parte de lo que plasmo no me gusta o no me termina de convencer del todo, aunque creo que eso es bueno, mientras no deje de escribir siempre puedo ir modificando lo ya hecho y añadiendo más cosas; porque esa es otra, siento que no avanzo, que sintetizo demasiado y no soy capaz de extenderme. Creo que por eso es que he creado a un personaje charlatán, para ver si a mí misma como escritora se me pega algo.
Supongo que mientras no deje de escribir la cosa podrá avanzar, mientras siga leyendo y avanzando al mismo tiempo por ambos caminos.
Creo que de todas maneras no solo es una crisis creativa, creo que podría llegar a considerarse una crisis existencial. Me he dado cuenta analizando las explicaciones que le he dado a mi personaje para justificarse: una sensación de asfixia. Puede que eso sea verdaderamente lo que tengo yo, mi persona física, una vida asfixiante en la cual, el poco oxígeno que consigo metabolizar, es empleado en seguir la rutina y descansar de la misma de un modo vegetativo, con el cerebro en modo hibernación. Eso es lo que quiero evitar, el giro que me gustaría dar, porque todavía a mi rutina actual le quedan meses para poder ser modificada y creo que podría compatibilizar bien siendo capaz de armarme de valor, de ánimos y de fuerzas; cosa que constituye una armadura bastante pesada.
Para ser sincera, creo que la idea que tenía acerca de esta entrada en mi cabeza era bastante distinta, pero las cosas de un trabajo tan exigente es la imposibilidad de parar un momento a reflexionar y apuntar ideas. Me siento como un perro blanco entre una jauría de especímenes negros, no encajo en la vida que llevo actualmente y no es la que me gustaría perpetuar "hasta que la situación cambie". Estoy ya cansada del mismo mantra que jamás se repite, pero se, muy en mi interior, que tarde o temprano cambia, porque he sido testigo de las hazañas del tiempo, sé a ciencia cierta que pone todo y a todos en su sitio, ese es el único resquicio de fe que me queda.
Por eso no puedo dejar de escribir, aunque no me guste lo que salga, porque se que, perseverando, podré conseguir un buen resultado y todo el esfuerzo y las pérdidas de ilusión habrán merecido la pena con creces.
Tengo una crisis creativa, pero desde luego, no una crisis de fe.

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