31 ago. 2016

288

Hoy no tengo la mente para pensar. Para pensar con claridad y coherencia, me refiero.
Están siendo días intensos. Podría decirse que mi modo de vida ahora mismo es el que tanto se fomenta últimamente: "vive el presente, no hagas planes, no pienses en el pasado, lo que tenga que venir, vendrá"

Y NO ME GUSTA.

NO
ME
GUSTA

Tal vez hace un año no me lo habría tomado tan a pecho, no estaría en esta situación, no me sentiría tan frustrada y maniatada. Pero también hace un año no tenía motivos por los que levantarme para seguir luchando a parte de los de sentirme útil y seguir luchando por un futuro mejor, que algún día llegaría.
Pero ahora... ahora todo es tan distinto...
Tengo una meta clara, tengo un deseo que me desboca el corazón cada vez que pienso en él y que lo detiene cada vez que surge un nuevo obstáculo.
Tenía sueños menores; quería ser una buena escritora, una buena artista; ni siquiera grande, sólo buena. Ahora todo me da igual, hace tiempo que dejé de creer en mí como una artista propiamente dicha. No empleo tiempo en ello con las excusas de "no tengo tiempo", "estoy muy cansada", "no voy a lograr nada y por tanto no merece la pena". Me he cansado de luchar. Sigo la misma rutina por seguirla, pero me siento vacía, alejada, condenada a trabajos manuales, a oportunidades mundanas y a sueños de clase baja, por decirlo de alguna manera.
Esa pequeña parte optimista que está oculta tras barrotes en algún rincón de mi mente sigue dejándose la voz diciéndome que no pierda la fe, que no desfallezca, que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y pienso que llevo tanto tiempo pasando trabajos que ya va siendo hora de que me toque algo bueno.
Luego llega la parte derrotista y susurra frases del estilo "pensar que la vida va a tratarte bien por buena persona es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano". Y volvemos al pozo. Voy a tener que ir comprándole muebles, algún cuadro bonito, que al menos, si voy a seguir más tiempo aquí abajo, luzca bonito.

No se que hacer, no se que pensar, no se distraerme y quejándome no me van a caer las oportunidades del cielo, pero me siento tan bloqueada ahora mismo que no me sirve ninguna de las vías de escape de antaño. Sólo necesito una cosa, la única cosa que me mantiene cuerda, esa que tiene fecha de caducidad, esa que me aterra perder por sobretodo.
Esa que sé que me hará olvidar todos los males del mundo con solo una mirada.
Esa de la que llevo 288 días enamorada hasta las trancas.