9 feb. 2017

03•02•2017

Una mano en la hendidura del cuello, bajo la mandíbula, el pulgar acariciando el hueso con suavidad. A veces no hace falta nada más. Detonamos la bomba.
Se miraron a los ojos como jamás imaginaron que llegarían a mirarse, con la vista bailando desde los mismos hasta la boca y vuelta a subir. Las respiraciones se acompasaron. Los párpados cayeron. Las narices se rozaron mientras los labios se entreabrían, endulzando y caldeando el escaso espacio que quedaba entre sus rostros. Un primer contacto. Ese sonido que te pone los pelos de punta y que quieres volver a escuchar una y otra vez. Y otra. Y otra. Labios suaves que danzan al unísono aún sin haber ensayado nunca esa pieza.
¡Qué bien suenan los besos! ¡Qué rápido pasa el tiempo entre ellos!
Entonces se separan.
Y lo que vendrá... simplemente una hoja en blanco que poder rellenar a su antojo.


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