28 mar. 2017

Reflexiones de una petarda

A lo mejor puedo expresarme usando sólo frases hechas. Refranes, frases de películas, de libros, de canciones. Podría hacer una composición curiosa si rebusco bien en todos los cajones de mi cerebro. Total, a fin de cuentas lo que va a importar es que sea yo quien sepa descifrarlo y entenderme. A mí misma. Porque sí, señores, es un hecho, una servidora tiene momentos en los que ni ella se entiende, y creo poder afirmar sin miedo a equivocarme, no ser la única a la que le sucede.
¡Ejemplos! Los ejemplos son buenos, fomentan la empatía.
Vale maja, ahora encuentra, inventa o a ver que haces para dar con el ejemplo ideal.
¿Sabes qué? Que voy a pasar de los ejemplos. ¿Un diálogo? Hmmmm... lo dejaré en el cajón de las posibilidades.
Vamos a mirar el lado positivo de las cosas. Hoy ha salido el sol y el cielo está despejado. Me arriesgaría a decir que empieza a notarse la primavera. No lo afirmo por si Lorencito se pica y vuelve a huir del mapa. Puede que hacer un poco de fotosíntesis no me venga mal, como un lagarto al sol. No me preguntéis como son los lagartos, a lo mejor veo uno y lo llamo salamandra, es una pequeña tara que tengo y que probablemente no consiga superar.
¿Que qué hago hablando de mis taras mentales? Bueno, estás en mi blog, es mi espacio, digo lo que me salga del... corazón. Juas.
¿Sabes? Le estoy dando vueltas a lo del diálogo y no se yo si será tan buena idea. ¿Por qué? ¡Buena pregunta! (Por el amor de Dios, esto empieza a parecer una oda a la esquizofrenia). Poooooorque a fin de cuentas estoy yo sola frente a un teclado, con los dedos bastante por debajo de la temperatura corporal normal de un ser humano corriente, porque tengo las hormonas en rompan filas y porque me saca de quicio la gente que escribe tal cual habla, alargando mucho las letras, así que me he sacado de quicio a mi misma. Pero como buena canaria vamos a pasarlo por alto, viene en el código genético y en la gran cantidad de vientos alisios que mi persona ha cogido en estos años de exposición a la locura ambiental.
¿Sabes lo que puedo hacer sin acabar going bananas total? Sincerarme. Hay gente que le habla al espejo, al gato, al perro, a otra persona en quién confía. Yo ya no confío ni en mis mascotas y no se si verlo como un problema o como una fortaleza. Mi yo interior está agazapada en una esquina ondeando una bandera blanca.
Pero bueno, que me estoy desviando otra vez, ¡qué elocuencia me entra cuando se trata de desviar temas serios! Por favor, ya podría tenerla cuando trato de expresar ideas. El proyecto de escritora que fermenta en mi cabeza está ya por desintegrarse. Puede que se re-absorba hasta desaparecer. ¡Menos mal que esto no va a leerlo nadie salvo yo misma! Un par de veces. Para darme cuenta de lo estúpida y volátil que puedo llegar a ser.
¿Cómo puedo empezar a sincerarme? Puede que dejando claro que no tengo ninguna idea clara. Esta etapa se suponía que se dejaba atrás en la adolescencia y siempre me he jactado de haber madurado antes. ¡MENTIRA! A lo mejor no tengo un complejo de Peter Pan, pero puede que mi neurona, la única chamuscada que quede rebotando en el interior de mi cráneo, siga jugando con Barbies a día de hoy.
En verdad siempre me he aferrado a la idea de que si, que luchar está bien y de que nunca hay que rendirse, pero que si al mismo tiempo deseas lo que quieres con mucha, mucha fuerza, terminas lográndolo. Eso de "apunta a la luna y llegarás al sol" es tan difuso en tantos sentidos que no se ni siquiera si ponerme a pensar en desarrollar alguno. Si, existe la gente con suerte que no necesita esforzarse, existe la gente que se esfuerza un poco y le salen las cosas bien, existe la gente que se esfuerza mucho y consigue lo que quiere y existe la gente que se esfuerza toda su vida y medianamente consigue algo. Y ya luego los que mueren en la lucha. ¿Eso nos reduce al hecho de resignarnos y simplemente intentar descubrir a cual de esos grupos pertenecemos? Qué triste, ¿no? Prefiero pensar que todos estamos aquí por un propósito. A veces pienso que estoy aquí para hacer algo grande y que por eso me encuentro tantas trabas en el camino, para aprender, para que, en el momento de alcanzar El Objetivo, o al menos, el primero, eso es algo que no se sabe nunca; tengas la información suficiente para llevarlo adelante. Pero, ¿y si no es así? Que vale, que aprender está bien, pero si nunca se te da la oportunidad de poner esas enseñanzas en práctica, ¿de qué vale? Es un poco como la morfología y la sintaxis, a no ser que te dediques a algo relacionado con las lenguas o la escritura, de poco te va a valer, pero obligatoriamente una vez en tu vida vas a saber que las oraciones se conforman por un sujeto y un predicado, que las frases son aquellas que no llevan un verbo en su estructura, que las propias palabras pueden subdividirse a su vez en ciertas categorías, morfemas, lexemas y una retahila de -emas que difícilmente lograrás recordar un par de años después de haberte examinado. Si, vale, tienes nociones de que en algún momento lo supiste, pero de poco te vale a no ser que estés en una conversación con amigos y fortuitamente salga el tema a colación.
¿Qué a donde quiero llegar con esto? No lo se, ahora mismo lo que estoy haciendo es divagar mientras trato de comprender las últimas enseñanzas que la vida me está soltando con un cañón de camisetas de estos típicos de Yankilandia en toda la cara. BOOM. Toma, en toda la cara, y ahora a ver como lo sobrellevas. De momento estoy en la fase llorona, pero me remito al tema de las hormonas locas para escudarme. Aunque creo que si he sacado un par de cosas en claro de este proyectil que me han estampado directamente en todo el careto. Que nunca llegamos a conocer completamente a nadie. Que las personas no hablan por lo que dicen o hacen, sino por lo que callan, Que lo que puede parecer un pensamiento lógico, coherente, racional, para uno, a lo mejor no tiene ni pies ni cabeza para el resto. A fin de cuentas, eso de que somos todos iguales siempre ha sido una patraña. Puede que en la variedad esté el gusto, pero en ella también están los conflictos, ergo, si después de todo fuésemos todos iguales, ¿no sería todo un poco aburrido?
¿De verdad vas a ser incapaz de hilvanar dos ideas que sean estructuralmente fuertes y no rematadamente opuestas? Se definir el negro, se definir el blanco, pero no se en cual gama de todos los grises quedarme. Creo que ahí reside mi problema y el hecho de ser medianamente volátil. Si, soy muy buena y todo lo que tu quieras, pero luego me arrepiento de soltar sapos y culebras por la boca y soy capaz de tragármelos y hacer de tripas corazón para seguir adelante. ¿Es eso una virtud? ¿O una debilidad como una catedral de grande? ¿Seré capaz en algún momento de defender un argumento, una postura, sin venirme abajo porque los demás no piensen como yo? ¿Voy a ser una calzonazos (¿calzonazas?) toda mi vida?
Creo que ahora si que he perdido el propósito de todo esto. Y la coherencia y todo. Por más que haga esquemas y diagramas puede que nunca consiga ser una persona ordenada y coherente. ¿Los locos podemos llegar a ser alguien en la vida? Porque el único que se me viene a la mente ahora mismo es el Sombrerero de Alicia, y es un personaje ficticio. Además, después de todo, tenía sus propósitos y sus ideas.
No lo se. Estoy más perdida que un pulpo en un garaje. Solo espero sobrevivir el tiempo suficiente para que alguien me encuentre y me devuelva al agua. Me da igual si en un cubo, en una pecera, en un parque temático o en el mar. Simplemente que me deje vivir el tiempo natural que me corresponde según mi especie, la cantidad de años me da igual.
Esto me lleva al tema del libro del tiempo, pero ya lo desarrollé hace unos días, así que no quiero meterme en materia otra vez. Simplemente creo, que, a día de hoy, tendría la fortaleza suficiente para leer los capítulos del futuro y enfrentarme a lo que ponga. Sólo eso.
Termino mis divagaciones por hoy. Tendré que poner un título chorra porque no hay un argumento concreto. Ánimo, petarda.

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