31 mar. 2017

¿Sabes?

Le estoy cogiendo el gusto a esto de hablarte todos los días. Puede que me esté mal acostumbrando, pero tampoco quiero hacer juicios apresurados. Digamos solo que me estoy acostumbrando. Ya se verá si para bien o para mal.

Hoy traigo buenas noticias. Es de esos escasos días en los que debo de darle penita a la vida y deja que me sienta tranquila y en paz para compensar. A grandes rasgos es eso. Si me pongo a profundizar no se hasta donde llegar, porque esa es la parte mala de este tipo de días, que me siento bien, pero no tengo ni remota idea de por qué. Llámalo percepción, sexto sentido femenino, palpito... como quieras, viene a determinar más o menos lo mismo.

Siento que hoy puede llegar a ser un buen día. Dirás, "claro, es viernes, ya está aquí el fin de semana", pero he de recordarte que estoy en paro, para mi ahora mismo todos los días son fin de semana. Es viernes, pero he pasado una noche de perros con el dolor de la muela ausente. Si me pongo a pensar de manera trascendental podría decir que los vacíos duelen, cuando te arrancan con violencia una parte de ti que siempre ha estado ahí y que jamás imaginaste que llegarías a perder. Pero si te soy sincera, eso se me acaba de ocurrir ahora mismo. ¿A que va a ser verdad que esto de escribir cada día está ayudando a mi neurona a volver a funcionar? Es como si la hubiera metido en rehabilitación. Punto para mi subconsciente del pasado que empezó a hacer esto como mera vía de escape.

Puede que también me sienta bien por la idea de abandonar estas cuatro paredes de pladur un rato y hacer algo nuevo. Por sentir tranquilidad en mi casa, porque las mascotas están tranquilas y pegadas a mi y eso, en cierto sentido, me hace sentir querida. Como si me dijeran "nosotras te queremos y el resto del mundo también lo hace, solo tienes que pensar un poco menos y ser más optimista". Ay, el optimismo, esa gran asignatura pendiente en la carrera de mi vida. Un poco como las matemáticas, cuando tienes un día bueno y le coges el tranquillo a esa fórmula nueva, te sueltan otra más difícil y tienes que volver a hincar los codos hasta que te salgan ampollas. En los codos, en el culo y probablemente en el cerebro. ¿Cómo se curan las ampollas en el cerebro, en caso de que existan? Sería un dato interesante de conocer.

No te voy a mentir, me he quedado dándole vueltas a eso de los vacíos que duelen. Y no, no voy a tomarlo como una señal, estoy ya cansada de ver señales donde no las hay sólo para autoconvencerme de algo. Un simple proceso biológico: te arrancan una muela y la encía queda resentida del violento proceso. Ibuprofeno cada cuatro horas y a aguantar el tipo. Total, siempre tiene solución; un implante y como nuevo.

Pensando detenidamente, puede que haya aceptado la melancolía, la tristeza y la auto fustigación como un estado natural, normal; que ser feliz sea algo tan utópico que ni siquiera merezca la pena intentarlo. Cualquier libro de autoayuda me diría que es un pensamiento tóxico del que tengo que deshacerme, pero, como todo, la felicidad y el optimismo no son etapas fijas, no son períodos continuos; lo bonito de tener la capacidad de sentir es experimentar esos altibajos y las medidas que tomamos para ponerles remedio. Ojo, claro que me gusta sentirme feliz, reír hasta acabar con hipo y los ojos llorosos; pero también me gusta dar un poco de cuerda a esos sentimientos que, a priori, no son buenos, pero que ayudan. La soledad y la melancolía son bonitas siempre que sepas sacarles provecho y no las uses en detrimento de tu propia persona. Si piensas como un artista sabrás que de esas etapas también puedes sacar cosas maravillosas. Supongo que por eso se dice siempre que los buenos artistas siempre fueron almas atormentadas. O drogadas hasta las cejas y si no, mira a Poe con el opio.

Descuida, no me voy a drogar, no tengo intenciones ni entra dentro de mis planes. Ya bastante tengo con lo que tengo como para encima meterme a eso. Quiero... quiero tener la habilidad de saber entenderme, de saber qué quiero. Siempre he dicho que me gustaría ser el día de mañana una mujer inteligente y culta, que, cuando hable con alguien, piense, "vaya, podría escucharla durante horas". Es un sentimiento un poco ególatra, pero yo lo siento como alguien que dice desde pequeño que quiere ser médico y lucha toda su vida para conseguirlo. Es una meta. No es una meta común, pero una meta al fin y al cabo. Pero, ¿sabes? creo que nunca podré llegar a alcanzarla. Puede que, a lo mejor, un día llegue a convertirme en una enciclopedia andante, en un google con patas, pero sólo será eso. Un montón de información dentro de un mismo almacenamiento, porque si sigo siendo incapaz de saber lo que quiero realmente, jamás alcanzaré el conocimiento necesario para razonar con propiedad. Dicen que de cada error se aprende, pero yo me siento como si, pese a haber aprendido, esas enseñanzas terminan diluyéndose y vuelvo a caer en la trampa para ratones, confiada de que esa estará rota o que seré capaz de coger el queso sin que me trinque el rabo, porque, después de todo, la trampa está ahí, la estoy viendo, pero vuelvo a confiar, porque nunca pierdo la buena fe.

Ya me he vuelto a enrollar con pensamientos profundos, pero que eso no te haga cambiar de parecer, sigo sintiéndome bien, tranquila. Estoy incluso un poco asustada del buen sentimiento que tengo, no quiero interpretarlo como la calma antes de la tempestad, sino más como el arco iris de después de la tormenta. Porque siempre hay dos caminos, el bueno y el mano y hoy me siento completamente segura de que, por el que voy a empezar a caminar será el bueno.


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