30 mar. 2017

Spring days

¿Sabes una cosa? Es completamente cierto. Todo. Absolutamente todo.
Me refiero a llevar un diario y releerlo de vez en cuando, de verdad que sirve. En el momento, para desahogarte; en el futuro, para autoevaluarte. A veces para decir un "joder, pues si que se me da bien esto de escribir" e inflar un poco el ego, pero eso ya son satisfacciones más secundarias.

Hoy la verdad es que no se de qué hablarte. Tengo ganas de contarte algo, pero de verdad que no estoy centrada. Puedo hacerte un resumen de mi día, por si eso despierta un poco a la musa. Pues bien, esta mañana tuve cita con el dentista, uno de mis mayores pavores, pero ¿sabes algo bastante gracioso? Hoy descubrimos que nos tenemos un odio mutuo. Ha sido incluso divertido. Puede que sea mi primera relación verdaderamente correspondida. Nadie ha dicho que tuviera que ser amorosa por obligación y ya sabes como me ha ido la vida siempre.

Esto me ha atraído un pensamiento, pero no se si soltarlo. Lo se, lo se, me estoy contradiciendo. Vengo aquí diciendo que quiero hablar y ahora reculo. A estas alturas deberías de conocerme un poco, las pocas veces que pienso antes de hablar me come la indecisión.

Está bien, está bien, vamos allá. He estado pensando en el dolor. En el físico, como el de esta mañana, (y el de ahora mismo que empiezan a irse los efectos de las tres ampollas de anestesia-mata-caballos-histéricos); y en el emocional, ese que te desgarra por dentro. Ojalá me estuviese tomando una licencia poética, pero no es así, de verdad que desgarra. ¿Sabes a donde quiero llegar? Esa presión en el pecho que no te deja respirar, los lloros hipados que parecen aliviar esa presión pero que al abandonar tu cuerpo, se llevan todo consigo. Es un poco como vomitar, a medida que te vacías duele, y te deja sin aliento a cada borbotón. Ahora que lo pienso, espero que no estés comiendo nada. Disculpas anticipadas si te he revuelto el estómago.

Preferiría mil veces el dolor físico al emocional. El primero duele unos instantes y puedes aliviarlo con analgésicos. El segundo no sabes cuanto tiempo va a doler y no existe nada con qué mitigarlo. Cierto, cierto, tienes razón, una vez dijeron que el paracetamol combatía los síntomas de un corazón roto, pero yo, personalmente, no me lo creo. Porque el dolor al que yo me estoy refiriendo es más profundo todavía que eso. Más de mentalidad, de personalidad y de sentimientos. Si nos ponemos técnicos si, todo eso puede que esté desencadenado por diversas reacciones químicas y hormonas, odiosas e incansables hormonas. ¿Por qué existirán? Estoy prácticamente segura de que un mundo con menos hormonas podría ser más racional y neutro. Aunque no se si de verdad quiero vivir en un mundo sin emociones. Después de todo, tener un amplio abanico de sentimientos y sensaciones es bonito, te invita a reflexionar y aunque nuble ciertos sentidos evidentes, siempre puede ayudar en otros tantos dándole un poquito más al coco.

Esto me recuerda a un pensamiento que me asaltó hace unos días. Vale, creo que fue ayer, pero eso es lo de menos. Tiene que ver un poco con los "¿Y si...?":

• ¿Y si no hubiera dicho tal cosa?
• ¿Y si nunca me hubiese mudado de casa?
• ¿Y si me hubiese esforzado un poco más?
• ¿Y si nunca nos hubiéramos conocido?
• ¿Y si nunca nos hubiéramos separado?

Iba a imaginarlo como una pantalla de un juego con múltiples finales, pero no sería tan adecuado, ya que el juego puedes repetirlo las veces que quieras para conocer todas las salidas, en cambio aquí no puedes. Voy a imaginarlo más como un árbol que va ramificándose. Las decisiones más cruciales serían las ramas más gruesas, las que marcarán nuestra personalidad y nuestros propósitos, esas decisiones que recordaremos toda nuestra vida y que defenderemos con uñas y dientes porque son las que nos han hecho llegar a ser quienes somos en este preciso instante. No pondré ningún ejemplo porque cada persona es un mundo. Para mi una de esas ramas gruesas puede ser el elegir ser buena persona, para ti en cambio puede ser elegir entre ciencias, letras o arte.
A medida que vaya creciendo esa rama gruesa, de ella irán saliendo decisiones más triviales, ramas más delgadas; "¿me pongo hoy un pantalón corto o largo?", "¿salgo hoy o me quedo en casa?", "¿chicle o caramelo?"... Esto no quita que una de esas ramas, presuntamente delgadas e insignificantes a priori, pueda convertirse en algo más fuerte y robusto. A lo mejor decides salir a pesar de que prefieras quedarte en casa delante del ordenador y vas y conoces a alguien especial, o vives una aventura emocionante que te marcará de ahí en adelante. Por eso no quería poner ejemplos concretos, pero creo que la visión general de la idea ya está bien expuesta.
¿Que por qué un árbol y no una pantalla de un juego? Porque en el árbol, una vez hayas decidido alimentar esa rama, jamás podrás saber como habría crecido la otra, o las otras. No existen máquinas del tiempo, no hay universos alternativos en este plano. Puedes imaginarlo, pero jamás podrás comprobarlo cien por cien.
Entonces, ¿de qué vale pensar en los "¿Y si...?"? Supongo que, como en la gran mayoría de casos, puedes tratar de sacar una enseñanza. Encontrar el lado positivo de haber tomado ese camino, la motivación, las expectativas. De antemano sabes que vas a la aventura, que el resultado ya se verá, puesto que una rama no crece y se robustece de la noche a la mañana, sino que cuando vienes a darte cuenta ya es algo irrompible. El futuro es incierto, es un hecho. Da igual que creas que el destino está escrito en alguna parte, que todos tenemos una razón de ser, que lo que tiene que pasarte llegará, sean cuales sean las vueltas que des antes en el camino; no lo sabes, nunca lo vas a saber antes de que llegue. ¿Será el año que viene? ¿La próxima semana? ¿Dentro de un par de horas? No insistas, no tienes forma de averiguarlo y anticiparte. Sólo te queda esperar. Esperar a ver, esperar a vivir, esperar a sentir. Pero no quita que no puedas ver, vivir o sentir otras tantas cosas en ese camino, pues los grandes hitos son escasos, pero existen, y cuando llegan, lo sabes.
La satisfacción llega cuando logras verte desde fuera y ves como está tu árbol. ¿Tiene una copa frondosa? ¿Está lleno de flores? ¿Ha dado frutos? Sólo tú vas a saber como es tu árbol, solo tú vas a saber que significa cada hecho. Puede que las flores signifiquen ese amor con el que siempre has soñado, puede que las frutas signifiquen un trabajo que te encanta y te va viento en popa, puede que una simple copa frondosa, cubierta solamente por hojas de un vibrante verde signifique que te sientes realizado como persona. Sólo tú lo sabrás, pero desde fuera, los demás verán ese árbol frondoso y lo sentirán, sabrán que esas decisiones han sido acertadas, aunque no sean capaces de ver las ramas rotas o a medio crecer que estén más resguardadas en el interior.
Porque claro que habrá ramas rotas, algunas astilladas de un corte reciente, otras recubiertas por un muñón de savia que habrán cicatrizado, pero seguirán ahí. Nadie dijo en ningún momento que todas esas ramas, todas esas decisiones, tenían que acabar bien, en hoja, en flor o en fruto.
Por eso creo que pensar en los "¿Y si...?" no supone una forma de auto-tortura, sino más bien un viaje en retrospectiva hacia todo el camino que has andado, por todo el recorrido de ese crecimiento. Para entender cómo has llegado hasta donde estás. Viendo las ramas rotas puedes aprender a evitar nuevas roturas. Pero, ante todo, que conste que aprender a evitar no significa evitar. Eso has de tenerlo siempre presente.

Vaya, al final si que he terminado contándote algo. Si ha sido demasiado profundo y trascendental para entrar así, a bocajarro, lo siento, pero creo que en el fondo es algo que te veías venir. Puede que sea la primavera. ¿Sabes algo precioso de las estaciones de transición? Primavera, otoño... Me gustan tanto porque en ellas puede pasar cualquier cosa, nada está decidido. Simplemente déjate llevar por la brisa. Aprovecha los días que haga sol para sonreír y los que llueva para quedarte en casa bajo las mantas. Ya podrás quejarte del calor en verano o del frío en invierno, que está todo más claro.
Pero ante todo, busca en tu interior, haz caso de lo que te diga el del pecho, ese nunca se equivoca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario