25 abr. 2017

Entrevistas

¿Sabes que he estado haciendo estos últimos días? Reflexiono en forma de entrevistas mentales. Ya sabes, para el día que logre publicar mi puñetero libro y convertirme en una chica famosilla. Aunque de momento es simplemente para ordenar mejor mis pensamientos.
He de añadir que en muchas de esas entrevistas tú estás a mi lado, lo que nos trae a algo que a lo mejor te ha generado curiosidad durante este tiempo. Tu identidad, el gran misterio del destinatario de estos mensajes (casi) diarios.
Pues a fin de cuentas, probablemente tú tampoco lo sepas. Me explico; aún no me conoces, ni yo a ti. En mi imaginación luces alto, moreno, con una sonrisa capaz de derretir los casquetes polares y, si me pongo algo más exigente, unos ojos claros en los que me sumerja cada vez que te vea. O unas largas y tupidas pestañas que me harían morir de envidia cada día hasta llegar a plantearme el cortarte las puntitas mientras duermes. Dice la gente de antes que eso se le hacia a los bebés para que les crecieran grandes y fuertes. Gracias por nada, mamá.
Pero en fin, a lo que íbamos, eres producto de mi imaginación, de mi esperanza y de mis sueños, pero a veces me sienta tan bien refugiarme en ti que te siento verdaderamente real. Me has hecho darme cuenta en este proceso que aún no tengo prisa por conocerte de verdad, porque lo bueno se hace esperar, y si resultas ser solo un oasis de paz en los malos tiempos a lo mejor no puedo llegar a disfrutarte tanto que en caso de llevar una vida mejor. Evocas algo tan bonito que me da miedo, sencillamente. Puede que porque me esté creando unas expectativas demasiado altas aferrándome a esto. Pero me ayudas al fin y al cabo, y ahora lo único que necesito es energía y positividad para sentirme bien, ya que el realismo me mina la moral cada vez que saco un pie de la cama.

La última mina: los dos kilos que he engordado en estos tres meses de paro. Vale, no es tanto y es una "progresión buena", cosa que espero que no implique una progresión real. Dos kilos de más, y punto, quiero plantarme aquí a ser posible. En ese punto en el que los pantalones cortos me siguen quedando bien aunque la cinturilla empiece a apretar un poquitín más que antes. Confío en que ahora con la entrada del verano, las idas a la playa y un futuro trabajo que me mantenga ocupada, esos dos kilos se vayan, a lo mejor acompañados de un par más. Descuida, no es nada obsesivo, cuando me sienta otra vez la mujer más plana del universo pararé. Es lo bueno de que primero se vayan las tetas, me obligan a parar a tiempo.

Aunque en realidad el tema este del peso es lo de menos, es un mero apunte histórico, porque majo, me vas a querer bien y bonito, por lo tanto te dará igual si me sobran unos kilos o si te pincho con mis huesos. Nos vamos a querer bien y bonito, que no es lo mismo. Me querrás a pesar de la hostilidad que mostraré cuando me conozcas, porque estoy ya lo suficientemente herida como para haber aprendido de una vez a no abrirme con nadie desde el principio. Y te querré porque habrás conseguido derretir este pequeño corazoncito helado, destapando todo ese amor que está ahí, pero que nadie ha logrado merecer todavía.

Empezamos por entrevistas mentales y terminamos con declaraciones profundas. ¡Qué sensible me he puesto de repente! Puede que porque esté a punto de bajarme la regla, entre otras cosas. O puede que de verdad hablarte me siente realmente tan bien. Te quiero tanto y todavía no te conozco... puede parecer tan hermoso como perturbador. Personalmente me voy a quedar con la cara bonita de la moneda, para comederas de coco y pensamientos varios ya tengo el resto de mi día a día.

Perdóname por estar perdiendo la costumbre diaria. Tengo ideas, de verdad, a veces lo que no tengo es compromiso. Ya me conocerás más a fondo, soy el despiste y la torpeza personificadas. Algo si te voy a prometer desde ya. Cuando llegues, siempre me vas a tener ahí. No habrá días de ausencia, no habrá falta de conversación. No puedo prometerte que no haya días malos, pero si que les buscaremos el lado bueno y nos reiremos del mundo. Simplemente, sigue esperándome. Se que el punto de encuentro no debe andar lejos. Y que un día más de espera es un día menos en la cuenta regresiva.

21 abr. 2017

Huellas y cicatrices

Perdóname, lo he vuelto a hacer, y esta vez no llevo la cuenta de los días de ausencia, sólo se que han pasado más de uno... probablemente también más de dos.

He estado liada... ¿Cuela? En cierto sentido es verdad, así que deberías creerme. Creo que por fin estoy empezando a despegar. Me he establecido una rutina que empieza a funcionar, me estoy entregando al yoga y a la meditación y esos pocos ratitos en los que consigo mantener la mente completamente en blanco son oro puro.

Anoche tuve un sueño bastante extraño. No sabría calificarlo como un sueño bonito o una pesadilla porque no se realmente que es lo que quiero. Creo que si se escenificara en la vida real levantaría tanto la ceja que se me enredaría en las raíces del pelo. Sería inesperado y, probablemente, violento. Esto me lleva a una idea que tenía apuntada desde la semana pasada.

¿Cómo diferenciar entre algo que deja marca de algo que deja cicatriz? ¿Qué entendemos individualmente por cada una de esas definiciones? Muchas veces puede entenderse como "marca" algo más positivo, dejar una huella; como "cicatriz", algo más negativo, una muesca de dolor. Hay frases motivadoras que nos lo pintan de esta manera, "se una persona que deje marcas, no cicatrices", pero, ¿acaso dejar una marca no resulta un proceso doloroso como tal? Si es una marca que ha de perdurar, podríamos entenderla por un tatuaje. Somos lienzos en blanco, pero si nos aplicamos pintura como tal, de forma superficial, tarde o temprano es algo que se borra, nuestra propia biología elimina los tintes, sean del tipo que sean; a no ser que recurramos al tatuaje, proceso que resulta doloroso en el momento, pero que terminamos viendo como una marca que nos define, a pesar de que, en un primer instante, es una cicatriz más. Si lo piensas detenidamente, son conceptos bastante ambiguos. Podemos tener marcas que, después de todo, nos evoquen dolor, al igual que podemos tener cicatrices que nos evoquen momentos importantes, memorables, puede que, después de un periodo de tiempo, felices a su modo.

La diferencia entre "marca" y "cicatriz" la impone el tiempo, estoy segura. A parte de nuestra propia percepción de lo que represente dicha palabra. En definitiva, ambas nos acompañarán el resto del camino, tenemos que ser nosotros mismos los que busquemos la definición adecuada.

Todo lo que vivamos día a día nos deja una muesca en algún sentido, crecemos, evolucionamos, reorganizamos esas muescas, marcas, cicatrices; las dotamos de significado, las ordenamos según importancia; aprendemos de cada herida, de cada golpe, lo hayamos elegido o no; se supone que en ello reside la gracia de avanzar.

¿Tú cómo me definirías? ¿Cómo alguien que deja huella o que deja cicatrices?

¿Y tú? ¿Qué crees que dejas en los demás de entre las dos?

17 abr. 2017

Love always wins

¡HOY ES UN DÍA COJONUDISÍSIMO!

¡Joder Mike, joder!
No... Mike no, vamos con el producto más nacional:

¡Joder hermano, joder! ¡Soy una persona útil para la sociedad, joder! 
No voy a vender la piel del oso antes de cazarlo, por supuesto, pero el chute de café y las buenas noticias me hacen estar como si me hubiese metido 300 red bull en vena. ¡Qué sensación tan maravillosa, joder! ¡Qué bien sienta decir tacos cuando estás contenta, joder!

Esto me ha puesto de muy, muy buen humor, como puedes ver, pero no voy a abandonar la idea original del post de hoy. Love always wins ♥


El amor no es un animal mitológico. Existe, de verdad. Ese amor de las películas, ese amor de otros tiempos no se ha perdido. Ese amor caballeresco, de siglos pasados, esa pasión que no avergüenza admitir. Cuando ese sentimiento te inunda el pecho como un tsunami no lo puedes callar, tampoco disimular, se nota a simple vista. Fíjate la próxima vez que salgas a la calle, estos sentimientos hacen que vayamos casi flotando, sin a penas apoyar los pies en el suelo. 

Todavía dejamos mensajes en los espejos para demostrar nuestro apoyo y nuestro amor, todavía quedan niños que se enamoran desde el jardín de infancia y acaban casándose el día de mañana, no solamente esas parejas mayores que terminan cuidándose el uno al otro porque se que me dirás que crecieron en otros tiempos y que se han acostumbrado el uno al otro, que lo que queda es el sentimiento de hacerse compañía. Error. El amor siempre está ahí, siempre evoluciona. El amor no es solo pasión, puede durar para siempre si sabes cuidarlo bien. Si no lo entiendes es normal que algún día termine. No es tan difícil de entender, ni tampoco de llevar a la práctica. Cuando encuentras a alguien que piensa de igual modo que tú ese amor siempre irá a más, será ese amor que todos anhelamos, que todos envidiamos, que todos queremos y que, tarde o temprano, todos tendremos. 




Como no, todo llega a su momento, pero somos impacientes, queremos todo ya, de forma inmediata, pero nada más sencillo. Lo que está destinado a nosotros terminará llegando tarde o temprano. Ahí está lo bonito de creer en mañana sin dejar de disfrutar hoy. 

Ahora mismo estoy tan llena de sentimientos bonitos y grandes sueños que se me hace difícil hilvanar dos ideas para seguir hablándote. ¿A que va a ser verdad eso de que los artistas torturados son más prolíficos? Tiene que tener sus excepciones. Creo que debo empezar a fomentar mi creatividad con estados de ánimo felices y eufóricos. 

¡Espérame mañana! Que vendré preparada, te lo prometo. 

16 abr. 2017

Todos estamos solos

Ayer tenía una leve idea de qué contarte, pero no supe bien como desarrollarla. Preferí poner la noche y un Saludo al Sol de por medio para meditarlo un poco mejor. ¿Y sabes una cosa? Sigo sin tenerla demasiado en claro.

El título es claro y conciso: Todos Estamos Solos. A la hora de la verdad sólo nos tenemos a nosotros mismos. Podemos tener compañía, pero nuestra vida es nuestra, nuestras decisiones son nuestras, No es que estemos solos en términos de soledad y autoexilio, estamos solos con nosotros mismos, y eso a fin de cuentas, no es estar tan desamparado.

Hay ciertas condiciones, como todo en esta vida, pero es contigo mismo con quien vas a compartir todo, es a ti mismo a quien vas a tener que pedir consejo en más de una ocasión a la hora de tomar ciertas decisiones en el camino.

¿Otra oda a la esquizofrenia? No, claro que no. Tampoco digo que busques la manera de desdoblarte y convertir ese clon en tu mejor amigo. Es algo más subjetivo. Es saber llegar a ese punto en el que te conozcas a fondo, te entiendas al 100% y no necesites valoraciones externas para justificar tus actos. Suena sencillo, pero es mucho más complicado de lo que pueda llegar a parecer.

Dedicar nuestra vida a encontrar ese alguien perfecto que nos complemente y nos entienda antes de lograrlo nosotros mismos es una pérdida de tiempo y esfuerzo. Por eso luego nos llevamos los palos y, con ellos, un trocito de desconocimiento que empaña todo el camino ya avanzado. Causa-efecto, acierto-error. Conseguir aprender algo que luego cambia completamente. Básicamente, cuando tienes todas las respuestas, el universo viene a cambiarte todas las preguntas. Una evolución continua sin una meta fija. No hay cabida para desfallecer, simplemente seguir intentándolo, seguir aprendiendo, seguir fallando y seguir acertando; no todo es negativo, no todo es blanco o negro, hay que saber visualizar toda esa gama de grises que queda por medio.

¿Verdaderamente te conoces a fondo? ¿Puedes definirte en unas pocas palabras? Tres, cinco, nueve, las que sean, y que sea una definición realmente acertada. Yo te digo desde ya que no. Depende del día te diría que soy sociable y luchadora, u orgullosa y con carácter, o sensible e inocente... Ya ves, hay variedad, lo que nunca hay es estabilidad, no sería capaz de definirme de la misma manera dos días seguidos. Tengo que seguir conociéndome a mi misma, tengo que seguir sola con mis sentimientos para aprender a buscar a ese compañero perfecto. Aprender de mis errores y aceptarme con y a pesar de ellos para que, el día que alguien haga lo mismo, conocerme y aceptarme, saber que es la persona idónea en mi vida.

Nadie quiere estar solo, pero son etapas inevitables. La lección reside en aprender a estar con nosotros mismos. Conociéndonos completamente seremos capaces de conseguir lo que sea. Sin ataduras, sin remordimientos, sin cargas, volar tan lejos como podamos y nunca estaremos verdaderamente solos.

14 abr. 2017

Dos lágrimas

Hola. Se que llevo un par de días sin hablarte. No ha sido por falta de tema, sino por falta de ganas. Se que dije que no iba a dejar que eso me influyese, que iba a hablarte cada día para crear el hábito, pero no conté con los momentos en los que me viese más desbordada.

Hace unas dos noches hubo luna llena. ¿Qué tendrán las fases lunares que siempre nos influyen en una u otra manera? Esa noche se me escaparon dos lágrimas. Una por el ayer, otra por el mañana. Y ahí paró. Solo dos. No es una metáfora. Puede que fuese la despedida de una etapa, la apertura de otra. La mente es curiosa, las sensaciones, la sugestión. Bajo la misma luna que nos ilumina a todos lloré por miedo, por tristeza y por expectación. Lloré sin un motivo concreto, y en cuanto recobré el aliento, lloré ya sin ganas. Sin fuerzas.

Pecamos de ingenuos e idiotas muchas veces. Creer que las etapas que estamos viviendo en un preciso instante son estáticas y duraderas puede significar un gran conformismo o una escasa ambición. Si tienes algo de suerte, habrá personas de las que no te desligues a lo largo de todo tu viaje, pero solo si tienes suerte. Amigos del colegio, compañeros de perrerías... a todos nos une algo en su momento, pero al crecer, al vivir, cuando cambiamos en esos aspectos, se acaba el lazo. Queda sopesar si merece la pena empezar una bobina de lazo nueva o tratar de estirar más ese lazo desgastado.

Ya no solo debemos acotar estas reflexiones a las personas que conocemos por nosotros mismos, la familia también son vínculos que no hemos elegido. Y puede salir estupendamente bien como desastrosamente mal. No elegimos nuestra familia. Es un vínculo obligatorio y como toda obligación, termina estallando en la cara tarde o temprano.

Anoche fui a una de las procesiones de esta semana. Las de los jueves y viernes santos son las que más me suelen gustar. Las que muestran la parte más dramática de la historia. Mi madre me llama "sarcástica" por ello. En realidad quiere decir sádica, pero suele confundir los términos y a mi me hace demasiada gracia como para corregirla. Anoche vi al Señor de la Piedra Fría y me resultó curioso como, cada año, la imagen parece más pequeña que el anterior. Tras el paso de esa imagen, tras los feligreses "crucificados" que salen para cumplir promesas; La Dolorosa. De ella me resultó curiosa la sensación de que cada año el puñal de su pecho parece más largo que el anterior. ¿Cambia nuestra percepción de las imágenes por las situaciones que hemos vivido durante el tiempo de por medio? ¿Cambia simplemente por lo que estemos viviendo en ese momento? Esto es igual de aplicable a cualquier tipo de imagen que no veas con cotidianidad. Si no eres una persona excesivamente devota, las imágenes de las procesiones las verás si acaso una vez al año. En conclusión. a donde quiero llegar es a las sensaciones provocadas por elementos en los que no reparamos durante un largo periodo de tiempo.

Desde que estaba en el instituto tengo una caja de tamaño razonable, forrada en terciopelo azul, en la que guardo una cierta variedad de recuerdos: dedicatorias del instituto, tickets de viajes, pasajes, una rosa seca de mi 15º cumpleaños, velas, recuerdos de comuniones... te haces una idea, ¿no? No es una caja que suela abrir y releer a menudo, tengo una idea base de lo que hay dentro de ella y me evoca recuerdos muy bonitos, sin importar como me sienta en ese momento, pero la sensación al verlos nunca es igual, hay algo dentro que se manifiesta de distinta forma cada vez que dedico algo de tiempo a rebuscar de nuevo en su contenido. Si estoy feliz, sonrío y la ordeno de forma que todavía puedan caber más cosas; si estoy triste, suspiro pensando en lo feliz que era sin ser consciente de ello. ¿Llegará el día futuro en el que sonría pensando en hoy y me ría por lo tonta que fui? Por darme cuenta de las cosas que me hacían feliz hoy y no fui capaz de ver hasta ese futuro. Supongo que es ley de vida, será algo inevitable, no puedes avisarte desde el futuro o todos tendríamos vidas idílicas. O estaríamos locos de atar. Imagina que se te aparece tu yo del futuro en el umbral de la puerta pidiéndote paso para entrar a charlar. O recibes un correo con fecha de dentro de diez años. ¿Cuánta fuerza mental tienes que tener para no perder la chaveta?

El ayer duele y conforta a partes iguales. El ayer nos enseña, es nuestro libro de texto, nuestro mapa. El mañana es ese poste lleno de letreros con flechas en todas direcciones esperando una decisión. Si sabemos estudiar el ayer, el mañana debería hacerse más ameno de transitar.

Todo sucede por algo, aunque veamos esos resultados después de haber pasado el duelo, después de haber vuelto a vivir. Pero, aunque ahora nos lo parezca, nunca hay cabos sueltos. Simplemente... son finales impactantes que nos animan a abrir el siguiente tomo para continuar con la historia. Y yo ya estoy lista para comenzar a leer esta nueva historia. Sin dos lágrimas. Puestos a llorar, lloremos a mares. De tristeza, de alegría, de risa, de dolor, de lo que sea. Vaciemos el cargador hasta quedarnos ligeros. Sintámonos realmente vivos.

11 abr. 2017

Hombre natural

«El hombre es bueno por naturaleza» 
Rousseau


Si nos metemos más a fondo en el tema, "el hombre es bueno por naturaleza, pero actúa mal forzado por la sociedad, que le corrompe". ¿Cuánto de verdad hay dentro del pensamiento de Rousseau? ¿Es cierto que un ser humano sin preocupaciones, guerras, industria, lenguaje ni hogar conserva la inocencia y, por ende, la felicidad? Lo veo difícil de comprobar dado que, sin lenguaje, no habría forma de comunicarse con ese ser primitivo y, a estas alturas, no podemos hacer el experimento en carnes propias a no ser que nos lobotomicen. Podría ser factible en caso de recordar como nos sentíamos siendo neonatos, sin lenguaje alguno, sin conocimiento, pero, ¿quien recuerda esas primeras etapas? ¿Por qué esas sensaciones no perduran a lo largo del viaje para guiarnos un poco mejor en el camino? 

Personalmente pienso que un hombre en estado natural, sin convenciones sociales, no sería necesariamente bueno. Creo que Rousseau en su teoría obvió el instinto de supervivencia presente en toda especie animal, a menos de que lo haya asumido en la condición primitiva de este humano natural y quede enmascarado como un rasgo positivo dentro de dicha bondad y felicidad. 

Pero, por otro lado, ¿qué entendía este hombre por bondad? ¿Qué entendemos nosotros por bondad? ¿Qué entiendes tú, individualmente, lejos de todo razonamiento manifestado por terceros, por bondad?

¿Es bondad no reírte de ese amigo que tropieza con una piedra por la calle? ¿Es más bondadoso el que lo ayuda a levantarse o el que llama a urgencias? ¿Es más bondadoso el que da lo que le sobra o el que consume menos? ¿Cuántos raseros hay para determinar la bondad? ¿Según nuestras creencias? ¿Nuestra educación? 

Rousseau decía que la educación se utilizaba para enmascarar lo vil, odioso y despreciable que era el hombre histórico. Que todo arte y toda ciencia servía para ocultar la degeneración tras apariencias, cortesía y retórica. Ergo, ¿el arte y la ciencia son meras máscaras? ¿De por si no contienen bondad? 
Yo, por mí misma, discrepo. Considero que no hay dos disciplinas más cargadas de emociones que las ciencias y el arte. No solo bondad, no se acota ahí. Ira, rabia, superación, empatía, bondad misma... contienen un amplio abanico. Pienso que el hombre científico, el hombre artista, no son hombres históricos según la filosofía de Rousseau, sino que han alcanzado el tercer estadio, el del hombre civil. Puede reparar y recuperar la felicidad y las libertades del hombre natural. 

A estas alturas no se cuanto habrás aguantado de la chapa sobre Rousseau. Ni siquiera se si tienes una ceja arqueada mientras buscas como sentirte. Baja la ceja, ahora toca hablar por mí, como estos días anteriores. ¿Crees que el hombre es bueno por naturaleza pero que es la sociedad la que lo corrompe? ¿Te consideras corrupto? No, claro que no. Lo que dijo el impulsor del romanticismo ya no tiene validez en la sociedad actual. Todos somos buenos a nuestra manera. Las miras se han abierto y no existe la guillotina. ¡Por fin somos libres!
No estoy yo tan segura de eso. 

¿Yo? ¿Qué crees que voy a decir de mí misma? Reconozco que no soy buena según los raseros católicos, pero tampoco soy mala. No me siento corrupta. Me siento engañada. Porque el único mal, el cáncer de toda sociedad, es la hipocresía. Puedes ser bueno, puedes ser malo, puedes llevarlo al extremo que quieras, tienes amplia libertad, pero siempre y cuando seas sincero. Y creo que ese sentimiento, a día de hoy, es más un animal mitológico. 

Así que voy a formular mi propia cita, irrevocable hasta próximo aviso, si es que algo cambia:

El hombre es egoísta por naturaleza, por ello,
creó la hipocresía.

10 abr. 2017

¿Si muriera mañana?

Hipotéticamente hablando, ¿cuántas probabilidades hay de que, tras enunciar algo del tipo "si muriera mañana no habría hecho...", realmente murieses al día siguiente?
Un infarto, una maceta en la cabeza, que te atropelle un camión, que te caigas por un barranco, un resbalón en la ducha, te atragantas... hay tantas posibilidades de morir cada día y de formas sencillamente absurdas. No conozco el dato, pero seguro que las probabilidades no son tan escasas como cabría esperar.

Hoy no vendré con teorías ni frases hechas debajo del brazo, voy a hablar de forma sencilla, como hablaríamos delante de un café. Ahora eso está muy de moda, coges un café y sueltas la chapa. Te voy a ser sincera, no tengo un café delante, puede que lo tenga dentro de un rato, en verdad eso no es un dato relevante.

Si murieras mañana, ¿qué harías hoy? Si conocieras el dato. No vamos a ser escabrosos, supón que en lo que termina el día te metes en la cama y termina todo, quedarás ahí de una forma tranquila, serena e indolora. ¿Qué harías antes de meterte en esa cama? ¿Qué dirías? ¿Cumplirías sueños grandes como saltar en paracaídas o usar tus últimos ahorros en viajar a ese destino soñado? ¿Arreglarías esos cabos sueltos de tu vida que fuiste dejando para más adelante? O como todo va a terminar, ¿qué sentido tendría?

Cada persona es un mundo. Cada mente es un océano. Podemos encajar en ciertos estereotipos, en ciertos clichés. El ser humano tiende a agruparse para crecer, el sentimiento de sociedad que es característico de nuestra especie. Por eso erramos tanto cuando generalizamos. Las generalidades son dañinas para ciertas sensibilidades que a lo mejor no sabemos tantear de entrada, o que nos imaginamos que estarán en nuestra misma línea y no lo descubrimos hasta meter la pata hasta el cuello.

Si yo muriera mañana, a día de hoy, probablemente me quedaría esperando en la susodicha cama. Me llevaría todos mis platos favoritos y estaría comiendo y viendo series o películas para no pensar hasta que llegase la hora. ¿Una decisión triste? ¿Cobarde? Puede. Pero moriría feliz. Mis cabos sueltos no me retendrían una vez llegada la hora. No le debo nada a nadie ni he obrado mal con nadie. Me iría con la conciencia tranquila.

Sería una gran putada morirse mañana, para qué engañarnos. Ahora que empiezo a despegar.

9 abr. 2017

Feria de las vanidades

Soy vanidosa, lo admito.  Y orgullosa, poseo las dos variantes.

He de resaltar antes de continuar, que anoche tuve uno de los mejores discursos mentales de mi vida. ¿Por qué todas las palabras ingeniosas e ideales surgen y se estructuran de maravilla cuando estamos en el baño o en la cama? La eterna duda del nacimiento de las ideas.

Orgullo y vanidad, estábamos con eso. Como ya sabrás, orgullo y vanidad no son sinónimos aunque muchas veces se confundan dado sus aplicaciones más subjetivas. El orgullo va en nosotros mismos, se crea de nuestra propia opinión, la vanidad por otro lado, va de la opinión que queremos que los demás tengan de nosotros. Ya sabes, el ego, esa... ¿característica?, no sabría definirlo bien; tan batallada y cuestionada.

Personalmente, el orgullo en su correcta medida convierte a las personas en ambiciosas y luchadoras por sus sueños. Fomenta la creación de nuevas ideas y persigue la autosuperación. Cuando la vanidad se interpone y crece al mismo tiempo que ese orgullo, en origen sano, es cuando la cosa se complica. A nadie le cae bien una persona narcisista, ¿a que no? Todo el tiempo yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo y, si sobra algo de tiempo, yo también. El orgullo con dosis de humildad puede mantener la vanidad a raya. Suena un poco a prescripción médica. Creo que estoy viendo demasiado House.

En términos más generales, ¿dónde están los límites del orgullo? Porque si bien puede ser virtud y defecto al mismo tiempo, algún límite tendrá que tener. Eso dependerá de la percepción, del orgullo de los demás y cómo no, también de su vanidad. Los hay que dirán que soy orgullosa por no dar mi brazo a torcer, ellos, a su vez, serán orgullosos de su propio modo de pensar. En este caso, no creo que el problema sea el orgullo, sino la falta de empatía. Todo el mundo se jacta de ser muy empático, pero a la hora de la verdad, el orgullo le da dos patadas. El orgullo en este caso no, la vanidad. ¿Qué nos vean débiles y condescendientes? No. ¡Jamás!
No es ser débil y condescendiente, la empatía demuestra una fuerza mental que no todo el mundo posee y no todo el mundo es capaz de ver. Es la ignorancia colectiva la que ensalza el poder mediante gritos y opiniones estrechas de miras. Es la falta de empatía la que nos hace vanidosos y es esa vanidad la que fomenta el orgullo malo, haciéndonos creer que somos lo que en realidad no.

¿Entonces soy el ser más horrible del universo? Soy orgullosa y vanidosa, lo he admitido en la primera línea. Si, soy orgullosa por quererme a mí misma antes que al resto. Soy vanidosa porque quiero proyectar en los demás la imagen de lo que quisiera llegar a ser, pero que todavía no soy. Pero tengo empatía. Se ponerme en tu lugar y entenderte. Se dialogar. Se examinar las varillas del abanico en busca de todas las opciones. Llegados a esta parte dirás, "si, si que eres orgullosa, madre mía, no dejas de hablar de ti y de todas tus virtudes. Por lo que dijiste antes, esto es vanidad." Te voy a decir una sola cosa y ya la meditas con la almohada luego. Si ensalzamos nuestras virtudes, virtudes existentes y demostrables, ¿sigue siendo vanidad? ¿Es más políticamente correcto ensalzar nuestros defectos para así demostrar más humildad? Yo creo que no. Si tratas de ensalzar una humildad que realmente no posees quedarás como vanidoso de igual manera. Te insulfas un ego negativo que, en el fondo, no te hace feliz. Nadie es feliz haciéndose la víctima sin que haya algún trastorno de por medio. En jerga médica podría asemejarse con el síndrome de Münchhausen, solo que en vez de fingir dolencias o provocártelas, buscas atenciones de una forma más subjetiva. Menos plausible.

"¿Münchhausen? Si, definitivamente te estás pasando con House". Calla y escúchame que ya estoy terminando.
No estoy buscando atenciones y ya he aprendido que únicamente me tengo a mí misma. Soy orgullosa por amor propio y vanidosa para inyectarme motivación. Puede que no sean los caminos más adecuados, pero ambos sabemos que nadie es bueno al 100%. El yin y el yang. Lo malo dentro de lo bueno. Lo bueno dentro de lo malo. Pensar que un león no va a devorarte por el mero hecho de ser vegetariano te va a acarrear muchos, muchísimos palos. ¿Estoy diciendo ahora que debemos de ser puramente malos y todo nos saldrá bien? No, porque para mi, el karma existe y siempre llega. Más tarde o más temprano. Simplemente buena sí, pero tonta no.

«Todo el mundo miente. La única variable es sobre qué.»

8 abr. 2017

Juegos

Hoy vengo documentada. Empiezo así, directa y sin vaselina. Puedes ir tomando asiento.

¿Conoces la teoría de juegos? Hay algo en ella llamado "juego de suma no nula", algo que a grandes rasgos viene a significar que, en ciertos casos, la dinámica puede derivar en un resultado en el que ambos bandos pierden o ambos salen victoriosos. El ejemplo más común habla de un intercambio de productos entre una nación que produce un exceso de naranjas y otra que produce un exceso de manzanas, ambas se benefician de la transacción.

¿Por qué vengo a hablarte de sumas no nulas? A parte de por ser la jugada ideal, ya que nadie pierde. Pues porque creo que hay situaciones cotidianas, que a lo mejor consideradas de manera inicial como suma cero, pueden llegar a convertirse en suma no nula. Parece que se muy bien de lo que hablo, pero no te creas, he teorizado lo justo para desarrollar mi propia situación.

Resulta que es muchísimo más sencillo de lo que pueda parecer en un principio. El silencio es un juego de suma cero. El diálogo es un juego de suma no nula. Con las premisas que te he dado, puedo ahorrarme las explicaciones aplicadas a este caso, ¿no?

A estas alturas imaginarás que tengo la cabeza llena con las palabras adecuadas, los discursos perfectos, todo listo en el cargador para ser disparado. Uno tras otro. Dos segundos de tregua. Siguiente asalto. Y sabes tan bien como yo que no va a ser así. Porque la vida real no se asemeja a los escenarios que nos creamos en nuestras mentes, siempre hay factores con los que no contamos, ya sea por desconocimiento o por conocimiento pero fe en que no van a influir.

Siempre se piensa que un juego de suma cero es más satisfactorio. Yo gano, tú pierdes. Es equitativo y no hay cabida para resquemores. Yo no lo creo así. Si ganas mucho y tu adversario pierde la misma cantidad puede llegar el momento en el que se convierta en una situación cruel. Equilibrio, equidad, igualdad, términos que están tan de moda pero que seguimos sin comprender del todo. La suma no nula también tiene un equilibrio, pero ambos bandos saldrán victoriosos, ambos estarán contentos y a gusto con el resultado. Esa es la gran diferencia. Porque vamos, ¿de verdad hay alguien a quien le encante perder? ¡Oh si! ¡He perdido todo mientras mi adversario ha ganado! ¿Existe algo mejor en este mundo? Bien podrías decirme ahora que lo que tengo es "mal perder". Competitividad, filosofía deportiva, como quieras llamarlo. No hay deportividad en el regodeo ni en el egoísmo. Enmascaramos el buen ganar en competitividad sana, relegamos el buen perder a la falta de importancia de la partida por parte del perdedor. Damos la vuelta a todo para que los factores siempre estén a nuestro favor, para sentirnos mejor con nosotros mismos a pesar de lo que hayamos hecho.
Si nos derivamos a temas éticos y morales, ¿cómo los aplicaríamos aquí, a día de hoy? Fácil, cuando el orgullo está en juego, a la ética y la moral les falta tiempo para saltar por la ventana.

Estamos a tiempo de convertir este juego de suma cero en uno de suma no nula. No se por cuanto tiempo, pero aún hay un resquicio de esperanza.

7 abr. 2017

Máscaras

No me gusta el mundo en el que vivo. No me gusta esta sociedad, La exaltación de lo absurdo, la ridiculización de los sentimientos, el figurar, aparentar y nunca demostrar. Esconderse tras una máscara hasta hacerla propia. Eso no va conmigo. Los cortes se notan después de todo, el elástico corta la zona del pelo, pero lo obviamos porque, está tan bien ajustada, que pensamos que no puede diferir demasiado de lo que hay debajo.

Pese al bombardeo de mensajes positivos, de que estamos en la mejor época de la historia, de que todo es maravilloso y de color de rosa, no lo es. Hay una cosa en la que, a lo mejor, nadie reparó antes de dar el pistoletazo de salida al "futuro"; la humanidad. Se actualiza nuestro presente, pero en los libros se nos sigue educando como hace 20 años. La generación clave de este progreso diría que es la mía, la nacida en los 90s, la que tiene una mente más moldeable, habiendo crecido con los valores de antaño y siendo testigo de los cambios de hoy. Las generaciones anteriores van a asemejarse más a nuestros padres, conservando pensamientos más clásicos, las posteriores vienen con un smartphone bajo el brazo y rinden pleitesía a San Google y derivados, no necesitan creer en nadie más.
¿Y nosotros? Los que estamos en una horquilla que abarca entre los 23 y los 27, que vivimos parte de los 90 de una forma más consciente, que vivimos el cambio de siglo antes de llegar al metro de altura. Nos sentimos preparados para todo, listos para absorber el futuro en vena, los portadores de las nuevas filosofías, con las que encarrilar a las generaciones que están por venir.

Me acabo de dar cuenta de que no se a donde quiero llegar con esto. Quiero ensalzar a mi generación por ser la que ahora mismo lleva las riendas de forma general, nos estamos convirtiendo en el adulto medio de todas las encuestas y estadísticas. Tenemos un papel tan importante que a veces no somos capaces de ver.

Lo siento, no puedo seguir. Hoy me he levantado con el dolor en el pecho. Probablemente tenga que salir a pensar, o a no pensar, según a donde vaya.

Hoy no me siento con ánimos ni con fuerzas para hablarte, perdóname. Voy a cerrar los ojos con la esperanza de abrirlos cuando todo haya pasado. Voy a ponerme la máscara, aunque no me guste en absoluto. Mi verdadero "yo" no está en condiciones de ser visto.


6 abr. 2017

Musa del sosiego

Hay noches en las que quiero dormirme enseguida sólo para poder hablarte de nuevo al día siguiente. No quiero repetirme durante el día por no parecer demasiado histérica. Apunto las ideas para no dejarme ningún cabo suelto. En momento así me encantaría adorar a mi musa o echarme a reír de frustración, según el grado de cinismo con el que cuente en ese momento. Puede que cinismo no sea la palabra más adecuada. No quiero decir que considero cínico ahora mismo.
¿Y si fuera más mordaz? ¿Cómo sería todo?

A veces digo cosas que no quiero decir.
A veces digo cosas que no siento realmente.
A veces no quiero decir las cosas que siento.
A veces no quiero sentir las cosas que digo.

No soy perfecta, no soy excesivamente lista, ningún prodigio, pero admito mis faltas y procuro aprender de ellas.
Creo que las respuestas perfectas definitivamente no existen. Esas frases ingeniosas solo surgen de miles de brainstormings de guionistas hipercafeinados que nos hacen llegar a creer que podemos soltar citas impresionantes y dignas de ser recordadas, de una forma espontánea.

Con la mano en el corazón, voy a decirte esta vez que no hay culpas, por parte de ninguno de los dos bandos. Yo no tuve la culpa de sentir, tú no tuviste la culpa de tener otras expectativas.

Tengo tantísimas preguntas dentro que temo van a quedar sin respuesta. ¿Resulta tan difícil hablar? Estoy ligeramente cansada de que las cosas terminen sin diálogo. Un corte seco y adiós cabeza. Te lo digo desde ya, no es la mejor manera. El silencio duele más que las palabras a tiempo. Ojo, no nos confundamos a estas alturas. No estoy triste, no estoy dolida. Hoy, ahora mismo, como me siento es inmune. Con unas enseñanzas de vida que no me hubiera gustado aprender de esta forma pero que, al mismo tiempo, ya debería de tener aprendidas.

No estoy cerrando puertas, tampoco las estoy abriendo. ¿Que me gustaría saber qué hay dentro de la habitación? Por supuesto. Pero hay dos cosas que tengo muy interiorizadas a día de hoy: que la curiosidad no va a matarme y que, aunque entre, siempre habrá escondrijos en esa habitación que no conseguiré ver. Porque no es la mía.

Y por otra parte, mal o bien, me siento a gusto conmigo misma. He descubierto que, muchas veces, no hay mejor compañía que la de una misma, que una cosa no quita a la otra. Necesitamos de compañía exterior tanto como de soledad, siempre y cuando seamos lo suficientemente fuertes de mente para sobrellevarlo sin rayar en la locura.

Creo que, después de todo, si, me he vuelto más fría, más fuerte, pese a todo. Si no, no habría sido capaz de esperar tanto sin recurrir a medidas mayores.

Descuida, no voy a engullir un bote de pastillas, no tengo ganas. Tengo planes en la agenda que quiero cumplir. Esto es una oda a lo bien que me siento, no a los problemas del día a día. Una especie de "Mr. Wonderful" abarcando todas las opciones. Y ya que estuvimos con el tema de las citas memorables, voy a tomar una pequeña licencia de una canción que descubrí hace pocos días.

¿Crees que el silencio puede borrar los recuerdos?



5 abr. 2017

Ave Fénix

Resulta complicado enfocarse en las cosas buenas de la vida cuando por todos lados te bombardean con desgracias, catástrofes y maldad.
Siria, sin ir más lejos. No hace falta que entre en demasiados detalles.
¿Viste lo del atentado en San Petesburgo? Todavía nos estábamos recuperando del de Londres, no han dejado hacer costra en una herida cuando ya están abriendo la siguiente.
No, no me acabo de enterar, se que fue hace un par de días, pero ya sabes, la inspiración llega cuando llega, y para hablarte hoy, es esto lo que se me ha venido a la mente.
Puede que te resulte una tontería soberanamente grande, pero, ¿no te resulta curioso que, a medida que se acercan las fechas de semana santa, todo se revuelve a nuestro alrededor? Recuerda que mi religión es la del tiempo, esto no es ninguna manifestación de fe cristiana, simple y llana coincidencia. Tendría que elegir bien a la persona con la que debatir esto.

En verdad, estoy casi segura de que nadie es capaz de pensar de forma positiva después de ver un telediario, esa famosa frase de "pues tampoco estoy tan mal". Creo poder afirmar, sin lugar a dudas, de que las veces que la he escuchado ha sido en temas relacionados con la economía doméstica. El resto, la violencia terrorista, la corrupción, la escasez, catástrofes naturales, si nos las llevamos a nuestro terreno. Pensamos "el mundo va de mal en peor, ya no quedan resquicios para pensar bien". Y no es que no queden, es que no nos vemos con fuerzas para buscarlos y aferrarnos a ellos. Por descabellado que suene, es más fácil llorar que reír. Reír es de valientes.

Todo esto viene a que me he sentado delante de todos mis escritos y me he parado a pensar detenidamente. ¿Qué narices estoy haciendo con mi vida? No estoy desarrollando la nueva filosofía que nos abrirá la mente y nos descubrirá miles de cosas nuevas, más bien parece que estoy incitando al pensamiento negativo, al estado permanente de tristeza y resignación. Resignación. Esa es la palabra que quiero hacer desaparecer de mi día a día, ESA es la más dañina. Luchar es lo realmente difícil pero, ¿y lo bien que sienta la recompensa?

Hoy es uno de esos días en los que me siento capaz de cualquier cosa. Yo quiero, yo puedo, lo haré, lo conseguiré. Porque echándome a morir en mi casa lo único que conseguiré es estar triste y sola, pero saliendo a luchar puedo ganar algunas batallas y forjarme un buen ejército.

Hoy me siento bien. Me siento capaz. Me siento bonita, cosa que también es importante.
Hoy no voy a mirar los retrovisores, no me hacen falta. El camino está en frente, no detrás. Y si alguien quiere sumarse a la aventura, el asiento del copiloto está libre.

4 abr. 2017

Posdata

No puedes acertar siempre.

Vaciar la mochila

El edelweiss nace bajo condiciones adversas en las zonas de alta montaña. Tan blanca, tan delicada; al verla podrías pensar que se trata más de una flor de interior demandante de atenciones.
La orquídea es de las flores más delicadas que conozco, personalmente, y mucha gente compartirá esa opinión conmigo. Un solo movimiento en falso, una medida equivocada de agua, una exposición errónea a la luz, y la flor se muere.
¿Debemos menospreciar el edelweiss ante la orquídea porque damos por sentada su fortaleza y sus ganas de resistir? ¿Resulta una obviedad prestar más atenciones al frágil por el mero hecho de su condición?

Si tuvieras que elegir entre ambas, ¿cual dirías que soy? Me gusta pensar que soy como el edelweiss, pero también me gusta recibir atenciones de vez en cuando sin necesidad de ser una flor más frágil. No es algo tan descabellado, ¿no? Hasta el más fuerte necesita un apoyo, hasta el más frágil necesita la oportunidad de superarse a si mismo.

Hoy no te voy a hablar de señales, ni de sensaciones, vacíos, dolores ni fuerza de voluntad. Esos temas están ya bastante trillados. Ayer te dije que no me preguntaras como me sentía; hoy, en cambio, si te quiero contar qué llevo por dentro.

Tengo miedo. Tenía miedo desde finales del año pasado, pero ahora se ha convertido en un estado permanente. ¿Qué puedo esperar de un año en el que, nada más empezar, me rompo media cara contra el suelo? Un año que empezó mejor de lo que imaginaba y que se torció de forma inesperada. Recuerdo haber escrito un "¿ya está? ¿Ya he tenido el mejor día del año?" y ahora tengo miedo de que esa pregunta sea real después de todo.

Lo has notado, ¿verdad?. Hoy estoy menos elocuente que estos días atrás. Es raro, me he despertado con una sensación extraña, a medio camino entre confusión y tranquilidad. Se que suena incongruente, pero no se definirlo de otra manera. ¿Sabes cual es el problema? Tengo un peso en el corazón que no se como eliminar. Hay una metáfora que recuerdo mucho de los profesores en el instituto, supongo que entre los psicólogos también será común, el caso es que nos viene a hablar de una mochila y unas piedras.
En nuestra vida vamos llenando nuestra mochila con diferentes piedras, lo que la va haciendo cada vez más pesada, lo que nos frena el avance y nos agota. Es entonces cuando tenemos que parar, vaciarla y volver a arrancar con un nuevo espacio y unas nuevas energías. No recuerdo del todo bien los detalles de esta metáfora, pero supongo que, a parte de piedras, en la mochila habrá también otras cosas de mayor utilidad que, aunque pesen, debemos conservar. Por eso solo tenemos que deshacernos de las piedras. Pero nadie dijo nunca que tipo de piedras estabas metiendo en el saco. ¿Y si tienes una piedra preciosa? Un rubí, una esmeralda, un diamante, que lo significa todo pero que tienes que dejar a un lado del camino. Es una vía de sentido único, no podrás dar la vuelta sin que te caiga una sanción. Puede que tengas que pagar por recuperar esa piedra preciosa en un momento dado si no te andas con cautela.
Pero, ¿y si logras desarraigarte de esa piedra preciosa?. Te vas a quedar ahí, de pie, mirándola, mientras poco a poco va mutando, convirtiéndose en un canto rodado más, igual al resto. ¿Cómo vas a sentirte cuando veas ese cambio? Porque si, lo estarás viendo de otra manera, pero el recuerdo no se borra. Tendrás que tener la fortaleza necesaria para asumir que va a seguir ahí, para no dejar que te afecte, porque siempre vas a saber que esa piedra, ahora gris, angulosa y afilada, antes fue una piedra pulida y suave, brillante y especial.
He hablado de las piedras, pero no de la mochila. Creo que a estas alturas resulta evidente cual va a ser esa mochila. Efectivamente, el corazón.

¿Sabes? Más de una vez he deseado sentir menos, pese a todo lo que digo siempre de lo bonito y maravilloso que es sentir intensamente. Pero se hace tan cuesta arriba, me siento tan sola a veces.

Hoy tengo verdadero miedo y demasiadas palabras que se hacen bola en el pecho. ¿Te acuerdas de los paseos en las fases del duelo? He viajado de la ira a la depresión. No se en donde estaré mañana. Solo se que hoy el sol no brilla lo suficiente y el oxígeno escasea. Solo quiero vaciar la mochila, ¿por qué es tan complicado?

3 abr. 2017

Fases del Duelo

Me resulta realmente curiosa la teoría de las Fases del Duelo:

• Negación
• Negociación
• Depresión
• Ira
• Aceptación

Supongo que coincidirás conmigo en que las cinco son fácilmente reconocibles. En palabras llanas; cuando eres incapaz de aceptarlo, cuando tratas de arreglarlo negociando con todo ente real o ilusorio, cuando te hundes en la más absoluta miseria, cuando te enfadas hasta con las piedras por el simple hecho de estar ahí y no haber influido en ese momento y cuando por fin lo aceptas y aprendes a vivir otra vez.

¿Que qué hago pensando en las fases del duelo? Por el tema del dolor. Es tan curioso a su vez el dolor. Hoy puedes estar desgarrándote por dentro y mañana estarás como una rosa. ¿Son simples altibajos? ¿O es que las fases del duelo no tienen la misma duración para todo el mundo? No creo que haya ningún estudio con la respuesta exacta a esa pregunta, pues cada persona es un mundo. Y te lo digo por mi misma, por mi propia experiencia, el orden es correcto en un inicio, pero creo que la aceptación no es un estado permanente, siempre vuelves a darte un pequeño paseo por alguna de las anteriores. Todo esto asumiendo, claro, el nivel de importancia de la pérdida. A menos importancia, menos paseos y viceversa.

"Me he quedado sin trabajo, pero estoy bien, descansar un poco nunca está de más". Aceptación.
"Joder, ¿por qué no me esforcé más? Si es que estaba mejor trabajando que aquí metida". Ira
"No valgo para nada. No voy a tener más oportunidades de trabajar". Depresión
"Voy a hacerle la pelota a mi jefe a ver si vuelve a meterme en lo que sea". Negociación
"No, tengo mi orgullo y cuando una puerta se cierra, una ventana se abre". Aceptación
"Pero... si estaba claro, iba a quedarme, seguro que es una broma de mal gusto hasta que se cumpla el último día". Negación
"No seas estúpida, esas cosas no pasan. Las empresas funcionan así". Aceptación
Por poner un ejemplo de duelo reciente. Estos han sido mis paseos mentales durante los últimos meses, alternados por ciertos otros duelos más recientes, pero esos no están aún cerrados, no puedo expresarlos porque yo misma estoy supervisando mis fases. Experimento conmigo misma.

Cada fase te hace reflexionar en diversos sentidos.
• Cuando te pones a pensar fríamente en que la negación no te hará conseguir cambiar ese suceso y darle la vuelta. Hay tortillas que no podemos virar.
• Cuando sabes que, por mucho que te tragues tu orgullo, que le pongas cincuenta velas a cincuenta santos distintos, que hagas absolutamente lo que sea por la causa, el tiempo no puede volver atrás.
• Cuando sacas unos minutos de fuerzas para decirte que no es culpa tuya, que hay cosas en la vida que no eres capaz de controlar, e intentas salir de ese pozo profundo y oscuro.
• Cuando razonas que enfadarte con el mundo no te va a devolver lo que has perdido. Puede que a la gente mala le vayan las cosas mejor, no te lo discuto, parece una ley universal no escrita; pero también son seres humanos, tenlo presente, ellos también sufren pérdidas como tú y como yo.
• Cuando por fin aceptas y aprendes. Cuando vuelve a reinar la paz y la tranquilidad en tu interior y te das cuenta de que siempre hay más opciones. Más caminos. Más aventuras por descubrir que no necesariamente tenían que ir ligadas a ese trabajo, a esa persona... de que si la vida te ha quitado algo, seguramente haya sido para dejar paso a algo más grande. A fin de cuentas, la aceptación atañe consigo un pequeño acto de fe. Hay más actos de fe en el día a día de los que somos capaces de reconocer y ejecutar como tales.

Te había dicho que las fases del duelo están ligadas al dolor. Hay duelos que traen consigo un dolor atroz que no le desearías ni a tu peor enemigo. Mi reflexión viene cuando ese dolor dura unos días y luego saltas a la ira. Supongo que volvemos al punto de la importancia que tenía para ti lo perdido. Aunque si te digo la verdad, no creo estar en la ira, más bien me encuentro en la desilusión, en el desconcierto. Estoy delante de un mapa que previamente ha garabateado un niño pequeño y todos los caminos están atravesados por líneas confusas de colores chillones. Puede que haya también influencia de un factor sorpresa. Las pérdidas repentinas son más difíciles de asimilar, como intentar digerir un atracón de piedras, y creo que tampoco voy demasiado desencaminada con la metáfora, porque de verdad se te hace bola en el estómago. Y estoy cansada de que todo lo que me lleve a la boca me esté sentando mal.

¿Sabes qué es lo que más me está preocupando ahora mismo? ¿Lo único que es capaz de robarme el sueño?

El tiempo


El único "ente superior" en el que he depositado mi fe durante toda mi vida es el que ahora me hace pasar las noches en vela. Quiero saber hoy lo que voy a vivir mañana, pasado, el mes que viene... quiero saber anticiparme, quiero que mis deseos se cumplan ya por mucho que me digan que "todo llega a su debido momento". Confío ciegamente en el poder del tiempo, es el mejor maestro; pero peco de impaciencia crónica. ¿Entiendes mi desasosiego? ¿Mi insatisfacción? ¿De verdad? Porque yo aún no lo consigo. No me preguntes como me siento porque no te sabría contestar. 

Cada día busco algo distinto a lo que aferrarme para mantenerme cuerda. Se que lo que haga hoy a lo mejor ya no me sirve mañana. ¡Acabo de deshacerme de mi escritorio, por el amor de Dios! Por más cambios que he hecho en mi entorno aún no llega ninguno a mi vida y es esta incertidumbre la que me está matando poco a poco. Solo tengo que conseguir que no haga metástasis, pero no se cuanto tiempo más podré aguantar. Otra cosa curiosa. Algo que siempre me sorprende. Siempre, SIEMPRE, serás más fuerte mañana de lo que creías hoy. ¿Lo que no te mata te hace más fuerte? Cierto. Tan cierto como que La Tierra es redonda. 

¿Qué los sentimientos varían y nunca son igual de intensos? Cierto también. Más de una vez creí sentir un amor que nunca daría la vuelta, que siempre iría hacia arriba. Y fue tan bonito. Me hacía tan feliz albergar esos sentimientos que me levantaba cada día con una sonrisa y ansias de comerme el mundo a grandes bocados, aunque fuesen sentimientos que solo sentía, valga la redundancia, yo. 

Creo que, después de todo, sigo con mi inocencia incorrupta. Sólo un poco magullada, pero de las magulladuras te recuperas, la piel se regenera, las sombras se van. ¿Hago bien en seguir siendo inocente y confiada? No lo se. Tampoco creo que lo llegue a saber nunca, pero hasta ahora ha sido mi modo de vida. No quiero dejar de soñar, aunque mis sueños se cumplan dentro de 5, 10, 15, 20 años, porque ese es mi motor. Y todos sabemos que un coche sin motor no avanza. Ya llegaré a mi destino, simplemente voy a encender mi reproductor y a dejarme llevar. A lo mejor ahora me siento a oscuras en una carretera desconocida, pero eso es algo que no dura eternamente. Después de las curvas llegarán los tramos rectos, después de la oscuridad volveré a ver la luz de alguna farola, o del propio sol que salga ante mi y me deslumbre. No pienso dejar de conducir. 

2 abr. 2017

Cristales rotos

¿Sabes ese sonido, como de cristales rotos, que suena en la parte posterior de tu cabeza cuando se te rompe un sueño? CRASH. Y ya nada vuelve a ser igual. Intentas abrirte camino entre la nube de polvo que se levanta, tratando de no pisar ninguna astilla, pero alguna pisas, es irremediable. ¿Qué se ha roto en realidad? ¿Un vaso? ¿Una ventana? ¿Un jarrón? ¿Una figurita de esas que invaden los salones de nuestras abuelas? ¿Toda la cristalería de la que habías hecho acopio con mimo y tesón? ¿Cuántos cristales más vas a clavarte en la planta de los pies hasta darte cuenta del estropicio? No lo sabes. No depende del tamaño de los sueños que se hayan roto, sino de cuán arraigados estuviesen en tu interior.

¿Y ahora qué? La gran pregunta. Esos sucesos del futuro que en tu mente ya tenían la calidad de recuerdo comienzan a desvanecerse lentamente. Los primeros cristales que te clavas pensando en ellos duelen como nunca antes habías sentido dolor alguno, pero, a medida que avanzas, vas perdiendo sensibilidad. Sigues caminando con una suela de cristal que te aísla, en cierto sentido, del resto de astillas.

Hay una pregunta que empieza a atormentarme: el tiempo. ¿Cuándo es pronto? ¿Cuándo es demasiado tarde? ¿Cuándo es el intervalo ideal? El momento en el que dices "a estas alturas ya no me afecta". No hay una medida estándar. Y en caso de haber algún estudio, porque seguro que haberlos, haylos, estoy segura de que cada uno de ellos dirá algo diferente.

Te voy a contar la verdad sobre esta Reflexión de Domingo: lleva varios días pululando por mi mente y fue anoche que por fin la apunté. Ya sabes, las mejores ideas vienen en el baño o en la cama. Benditos smartphones con notas y sincronización. Pero estoy medio dormida aún y no logro encontrar las palabras para expresarme en profundidad, pese al enorme café que acabo de meterme entre pecho y espalda. Y Kana Nishino, que me está distrayendo con sus preciosas canciones.

¿Sabes otra cosa que me está haciendo sentir más inspirada? Me estoy entregando a fondo a la lectura de nuevo. No a las velocidades que me gustaría, pero voy recuperando el ritmo. Y todas estas últimas reflexiones. Como que me estoy despertando de este largo letargo de tres años en el que estaba sumida, en el catetismo y la comodidad de la rutina. El desconcierto vital nos ayuda a barajar todas las opciones y a fomentar aquellas más imposibles, a buscar resquicios de posibilidad, a imaginarnos de una forma diferente, pero en cierto punto, real. Gracias a estas reflexiones y a un poco de trabajo de campo involuntario, (ya te contaré como es eso del "trabajo de campo involuntario"), he llegado a la conclusión de que he estado enfocando mal la ley de la atracción todo este tiempo. Que aquella vez en la que dije "¡es cierto! ¡Lo conseguí! ¡Existe realmente!" fue una mera casualidad, puesto que fue un suceso carnal en una fiesta; era más de estadística que de deseo. Ocho añazos que me ha costado darme cuenta. Ocho. ¿Por qué ahora todo me remite al número ocho? Siempre he sido fiel amante del siete. Nana significa siete en japonés. Aunque si nos remitimos a las referencias japonesas, en la historia de Nana están tanto ella como Hachi. Perro. Ocho. Siempre he dicho que me identifico con ambas "Nanas", aunque siempre haya aspirado a ser más "Nana" que "Hachi". Ahora mismo, en este momento, en esta etapa, soy Hachiko en estado puro, salvo por el cigarro. Con sentimientos intensos, ilusos y puros. Y el puto ocho en todo.

Pero ya te dije hace un par de días que estaba cansada de ver señales en todo. En absolutamente todo. ¿Te he llegado a contar que durante una temporada vi señales en el cuentakilómetros del coche? La curva cerrada que hay después del túnel, justo antes de llegar a mi casa, siempre la subía a 64km/h. Siempre que no tuviese a ninguna tortuga delante. Y empecé a darle vueltas. ¿Mes seis, día cuatro? ¿Día seis, mes cuatro? ¿64 euros para algo? Cuando eso estaba barajando la posibilidad de unas vacaciones en Madrid, así que todo giraba en torno a fechas y números. No amplié mucho más el abanico. Hasta que todos esos sueños se viraron del revés y dejé de ver el 64 como una señal, sino como la velocidad máxima que sería capaz de coger con mi coche en esa curva sin ningún acompañante que sumase peso a la ecuación de la velocidad, el espacio y el tiempo. Estoy tratando de repasar mentalmente la poca física que recuerdo del instituto, pero no me siento en condiciones, así que te agradecería que no te pusieras a buscar los posibles errores que estas afirmaciones contengan.

Señales. Malditas señales. Pero a algo hay que aferrarse a veces, ¿no?

Creo que a pesar de todo, tanta palabrería, todos los días te hablo de lo mismo, de metáforas sobre sueños, de señales y de sensaciones. De sentimientos y racionalidad. Pero son los temas de los que se me ocurren más ideas. Podría decirse que son el fundamento de todas mis creencias, que mi religión es la fe en el tiempo y en las sensaciones. Todos los días quiero creer que puedo aferrarme a ellas, confiar ciegamente y acertar, pero a fin de cuentas, no deja de ser una religión. Hacer actos de fe está bien, pero refugiarse en ellos... termina agotando.

¡No! ¡Basta! No quiero acabar en este tono tan depresivo. Mientras te estoy contando todo esto me ha recorrido el cuerpo un escalofrío y un mareo anormal. Se me ha llegado a nublar la vista por un momento y acabo de sentir miedo. No voy a dejar que mi cerebro vuelva a desconectarse. No quiero hacerle una visita al neurólogo. No quiero seguir sintiéndome tan débil, como una princesa atrapada. Soy una princesa guerrera y lo seguiré siendo por mucho que me pese la espada en las manos.
Porque NADA va a hacer que pierda la fe en mí misma, en que tengo energía y ganas suficientes para comerme el mundo, que pienso hacerlo. Mi final feliz está ahí fuera, huyendo de mi, pero lo que no sabe es que el mundo es redondo, y en algún momento acabaremos alcanzándonos.

Confianza, ilusión y amor propio. Ahora mismo no necesito nada más. La energía para luchar ya la tengo.

Y por si sientes curiosidad, te dejo la canción de Kana que me ha acompañado a lo largo de todo este discurso:



1 abr. 2017

Todo es un teatro

¿Qué esperas que venga a contarte hoy? Así como inciso, no me había dado cuenta de que me estoy refiriendo a ti en términos muy generales, no tienes un género determinado en mis palabras y casi prefiero que siga siendo así, A ver si ahora, tras haberlo pensado, va y se me escapa alguna partícula condicionante. Estaría gracioso.

El caso, tenía ganas de escribirte pronto, con la mente fresca, todo lo fresca que soy capaz de tenerla ahora mismo. ¿Sabes por qué escucho a Linkin Park en bucle y a todo volumen? Porque es lo único capaz de tenerme la mente despejada y vacía. Me enseña a no pensar. Me hace darme cuenta de que no necesito pensar tanto, simplemente dejarme llevar. He tardado, pero me he dado cuenta después de todo.

Quería contarte que ayer fui al teatro. Había entrada libre y hacía años que no iba a una representación. Y fue maravilloso. La pasión con la que las escenas son representadas, como la historia te cala más hondo que a través de una pantalla. Y los aplausos. Ese aplauso interminable al final en el que el público se pone de pie y vitorea, como si hubiesen descubierto un nuevo mundo, hubiesen vuelto a nacer, y toda esa nueva energía tuviese que ser canalizada a través del entusiasmo, agradecimiento por haberlos hecho sentir un poquito más vivos. El entorno del teatro, esas butacas tan angulosas pero, a la vez, tan cómodas, los detalles, la escena que, aunque estática, daba tanto juego en su sencillez. El teatro tiene algo que a veces olvidamos, la importancia de los detalles; cada grabado en la pared, hecho con mimo y tesón; el telón, tan perfectamente colocado, como si cada espacio entre pliegue y pliegue tuviese que medir lo mismo. No solo los detalles físicos, el teatro es otro mundo completamente distinto. Conserva un protocolo que a día de hoy ya casi se considera perdido. Un pequeño reducto de clase y buen comportamiento sin necesidad de resultar pedante o de tener el bolsillo lleno. Habían pasado unos ocho años desde mi última ida al teatro y había olvidado lo mucho que me gustaba. ¿Sabes una cosa? Fue la primera vez que no me sentí mal cuando el acomodador me preguntó con una amable sonrisa, "¿vienes sola?". Asentí sonriendo y tomé asiento en una fila ideal, mejor que si yo misma hubiera elegido butaca y no hubiese venido pre asignada en la entrada.

Creo que, a fin de cuentas, siempre me he tomado mi vida como una obra de teatro. Le he puesto pasión a las cosas que he hecho, he memorizado libretos que yo misma he configurado en mi mente para decir lo apropiado según la situación, he reaccionado de formas pasionales, quizá un poco exageradas, pero ya sabes como soy, pienso antes con el corazón que con la cabeza. A día de hoy siento que eso es algo que me ha dado más disgustos que alegrías, pero no pierdo la fe en que el algún momento llegue a darme cuenta de que ha servido para algo bueno. Puede que el problema radique en que no he encontrado a nadie en el camino con la misma pasión que yo. El resto del mundo es más esquemático, más prediseñado, más elemental (mi querido Watson); y, sinceramente, me parece algo triste. Si el mundo sintiese más y pensase menos, a lo mejor nos iba de otra manera. Nos enseñan a ser esquemáticos, a usar la cabeza para memorizar letras y razonar números, pero no a la inversa. ¿Y con el corazón? ¿Qué pasa con él? Es el órgano principal del cuerpo. El músculo que bombea sangre y vida hacia todas y cada una de las partes de nuestro ser. Entonces, siendo el que nos mantiene vivos, ¿por qué no le damos la importancia que realmente tiene? El cerebro tiene el raciocinio que nos hace meditar estas cosas, pero sin la sangre que le envía el corazón no sería capaz de funcionar por sí solo. Por eso algo falla en la educación. Nos enseñan a usar el cerebro de forma automática, como si fuese una máquina, pero se les olvida todo lo demás. El término asertividad es algo que puede que conozcas en algún momento de tu vida, pero casi siempre será cuando seas más adulto, y no me parece adecuado. Debería de ser un rasgo que se desarrolle desde una edad temprana para poder crear personas más sociables, abiertas y comprensivas. Porque en la asertividad, uno de los mantras fundamentales es el "yo siento", y exponer los sentimientos no es fácil, no sabes como van a ser recibidos. Deberíamos de impartir una educación un poco más sentimental y un poco menos esquemática, a lo mejor así dejaríamos de ser tan herméticos con lo que sentimos, a lo mejor así conseguimos reducir los momentos de lágrimas y ampliar los de risas.

A veces hablo como si fuese a conseguir que el mundo cambie con mis palabras. ¡Ojalá! De verdad lo consiguiera. No pido que todo el mundo sea tan gilipollas y tan iluso como yo, pero que al menos la bandera conquistadora esté afincada en el corazón y no en la parte chunga del cerebro.

Hay tantas, tantísimas cosas que quiero contarte. Hablar y hablar hasta quedarme sin saliva. Hablar hasta conseguir que me entiendas igual o más de lo que me entiendo a mí misma. Que intentes racionalizar mis sentimientos y yo intente sentimentalizar tus razonamientos, consiguiendo un equilibrio perfecto, un yin-yang que no se reduzca sólo al "bien dentro del mal" y "el mal dentro del bien". Pero no puedo, porque mi boca ya no sabe hablar y hay momentos en los que pienso que tus oídos no saben escuchar.

He aprendido a base de palos que nadie es imprescindible y que, obviamente, yo tampoco soy la última coca-cola del desierto. Pero como dicen por ahí, haz el bien y no mires a quién, y eso se devolverá en algún momento de tu vida. Aunque los sentimientos que demuestres no sean correspondidos, no te los guardes; si alguien es especial para ti, demuéstraselo, a lo mejor en algún momento lo tendrá en cuenta y, en caso contrario, al menos tendrás la tranquilidad que da el haber sido completamente transparente. Porque exponer tus sentimientos no te hace más vulnerable, sino más valiente.

Voy a volver a ponerme Hybrid Theory. Llegados a este punto se me han quitado las ganas de pensar. Siento si hoy he sonado un poco más tristona, ya sabes, los altibajos. Te has convertido en mi pañuelo de lágrimas, aunque echo de menos un hombro firme sobre el que llorar.