25 abr. 2017

Entrevistas

¿Sabes que he estado haciendo estos últimos días? Reflexiono en forma de entrevistas mentales. Ya sabes, para el día que logre publicar mi puñetero libro y convertirme en una chica famosilla. Aunque de momento es simplemente para ordenar mejor mis pensamientos.
He de añadir que en muchas de esas entrevistas tú estás a mi lado, lo que nos trae a algo que a lo mejor te ha generado curiosidad durante este tiempo. Tu identidad, el gran misterio del destinatario de estos mensajes (casi) diarios.
Pues a fin de cuentas, probablemente tú tampoco lo sepas. Me explico; aún no me conoces, ni yo a ti. En mi imaginación luces alto, moreno, con una sonrisa capaz de derretir los casquetes polares y, si me pongo algo más exigente, unos ojos claros en los que me sumerja cada vez que te vea. O unas largas y tupidas pestañas que me harían morir de envidia cada día hasta llegar a plantearme el cortarte las puntitas mientras duermes. Dice la gente de antes que eso se le hacia a los bebés para que les crecieran grandes y fuertes. Gracias por nada, mamá.
Pero en fin, a lo que íbamos, eres producto de mi imaginación, de mi esperanza y de mis sueños, pero a veces me sienta tan bien refugiarme en ti que te siento verdaderamente real. Me has hecho darme cuenta en este proceso que aún no tengo prisa por conocerte de verdad, porque lo bueno se hace esperar, y si resultas ser solo un oasis de paz en los malos tiempos a lo mejor no puedo llegar a disfrutarte tanto que en caso de llevar una vida mejor. Evocas algo tan bonito que me da miedo, sencillamente. Puede que porque me esté creando unas expectativas demasiado altas aferrándome a esto. Pero me ayudas al fin y al cabo, y ahora lo único que necesito es energía y positividad para sentirme bien, ya que el realismo me mina la moral cada vez que saco un pie de la cama.

La última mina: los dos kilos que he engordado en estos tres meses de paro. Vale, no es tanto y es una "progresión buena", cosa que espero que no implique una progresión real. Dos kilos de más, y punto, quiero plantarme aquí a ser posible. En ese punto en el que los pantalones cortos me siguen quedando bien aunque la cinturilla empiece a apretar un poquitín más que antes. Confío en que ahora con la entrada del verano, las idas a la playa y un futuro trabajo que me mantenga ocupada, esos dos kilos se vayan, a lo mejor acompañados de un par más. Descuida, no es nada obsesivo, cuando me sienta otra vez la mujer más plana del universo pararé. Es lo bueno de que primero se vayan las tetas, me obligan a parar a tiempo.

Aunque en realidad el tema este del peso es lo de menos, es un mero apunte histórico, porque majo, me vas a querer bien y bonito, por lo tanto te dará igual si me sobran unos kilos o si te pincho con mis huesos. Nos vamos a querer bien y bonito, que no es lo mismo. Me querrás a pesar de la hostilidad que mostraré cuando me conozcas, porque estoy ya lo suficientemente herida como para haber aprendido de una vez a no abrirme con nadie desde el principio. Y te querré porque habrás conseguido derretir este pequeño corazoncito helado, destapando todo ese amor que está ahí, pero que nadie ha logrado merecer todavía.

Empezamos por entrevistas mentales y terminamos con declaraciones profundas. ¡Qué sensible me he puesto de repente! Puede que porque esté a punto de bajarme la regla, entre otras cosas. O puede que de verdad hablarte me siente realmente tan bien. Te quiero tanto y todavía no te conozco... puede parecer tan hermoso como perturbador. Personalmente me voy a quedar con la cara bonita de la moneda, para comederas de coco y pensamientos varios ya tengo el resto de mi día a día.

Perdóname por estar perdiendo la costumbre diaria. Tengo ideas, de verdad, a veces lo que no tengo es compromiso. Ya me conocerás más a fondo, soy el despiste y la torpeza personificadas. Algo si te voy a prometer desde ya. Cuando llegues, siempre me vas a tener ahí. No habrá días de ausencia, no habrá falta de conversación. No puedo prometerte que no haya días malos, pero si que les buscaremos el lado bueno y nos reiremos del mundo. Simplemente, sigue esperándome. Se que el punto de encuentro no debe andar lejos. Y que un día más de espera es un día menos en la cuenta regresiva.

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