3 abr. 2017

Fases del Duelo

Me resulta realmente curiosa la teoría de las Fases del Duelo:

• Negación
• Negociación
• Depresión
• Ira
• Aceptación

Supongo que coincidirás conmigo en que las cinco son fácilmente reconocibles. En palabras llanas; cuando eres incapaz de aceptarlo, cuando tratas de arreglarlo negociando con todo ente real o ilusorio, cuando te hundes en la más absoluta miseria, cuando te enfadas hasta con las piedras por el simple hecho de estar ahí y no haber influido en ese momento y cuando por fin lo aceptas y aprendes a vivir otra vez.

¿Que qué hago pensando en las fases del duelo? Por el tema del dolor. Es tan curioso a su vez el dolor. Hoy puedes estar desgarrándote por dentro y mañana estarás como una rosa. ¿Son simples altibajos? ¿O es que las fases del duelo no tienen la misma duración para todo el mundo? No creo que haya ningún estudio con la respuesta exacta a esa pregunta, pues cada persona es un mundo. Y te lo digo por mi misma, por mi propia experiencia, el orden es correcto en un inicio, pero creo que la aceptación no es un estado permanente, siempre vuelves a darte un pequeño paseo por alguna de las anteriores. Todo esto asumiendo, claro, el nivel de importancia de la pérdida. A menos importancia, menos paseos y viceversa.

"Me he quedado sin trabajo, pero estoy bien, descansar un poco nunca está de más". Aceptación.
"Joder, ¿por qué no me esforcé más? Si es que estaba mejor trabajando que aquí metida". Ira
"No valgo para nada. No voy a tener más oportunidades de trabajar". Depresión
"Voy a hacerle la pelota a mi jefe a ver si vuelve a meterme en lo que sea". Negociación
"No, tengo mi orgullo y cuando una puerta se cierra, una ventana se abre". Aceptación
"Pero... si estaba claro, iba a quedarme, seguro que es una broma de mal gusto hasta que se cumpla el último día". Negación
"No seas estúpida, esas cosas no pasan. Las empresas funcionan así". Aceptación
Por poner un ejemplo de duelo reciente. Estos han sido mis paseos mentales durante los últimos meses, alternados por ciertos otros duelos más recientes, pero esos no están aún cerrados, no puedo expresarlos porque yo misma estoy supervisando mis fases. Experimento conmigo misma.

Cada fase te hace reflexionar en diversos sentidos.
• Cuando te pones a pensar fríamente en que la negación no te hará conseguir cambiar ese suceso y darle la vuelta. Hay tortillas que no podemos virar.
• Cuando sabes que, por mucho que te tragues tu orgullo, que le pongas cincuenta velas a cincuenta santos distintos, que hagas absolutamente lo que sea por la causa, el tiempo no puede volver atrás.
• Cuando sacas unos minutos de fuerzas para decirte que no es culpa tuya, que hay cosas en la vida que no eres capaz de controlar, e intentas salir de ese pozo profundo y oscuro.
• Cuando razonas que enfadarte con el mundo no te va a devolver lo que has perdido. Puede que a la gente mala le vayan las cosas mejor, no te lo discuto, parece una ley universal no escrita; pero también son seres humanos, tenlo presente, ellos también sufren pérdidas como tú y como yo.
• Cuando por fin aceptas y aprendes. Cuando vuelve a reinar la paz y la tranquilidad en tu interior y te das cuenta de que siempre hay más opciones. Más caminos. Más aventuras por descubrir que no necesariamente tenían que ir ligadas a ese trabajo, a esa persona... de que si la vida te ha quitado algo, seguramente haya sido para dejar paso a algo más grande. A fin de cuentas, la aceptación atañe consigo un pequeño acto de fe. Hay más actos de fe en el día a día de los que somos capaces de reconocer y ejecutar como tales.

Te había dicho que las fases del duelo están ligadas al dolor. Hay duelos que traen consigo un dolor atroz que no le desearías ni a tu peor enemigo. Mi reflexión viene cuando ese dolor dura unos días y luego saltas a la ira. Supongo que volvemos al punto de la importancia que tenía para ti lo perdido. Aunque si te digo la verdad, no creo estar en la ira, más bien me encuentro en la desilusión, en el desconcierto. Estoy delante de un mapa que previamente ha garabateado un niño pequeño y todos los caminos están atravesados por líneas confusas de colores chillones. Puede que haya también influencia de un factor sorpresa. Las pérdidas repentinas son más difíciles de asimilar, como intentar digerir un atracón de piedras, y creo que tampoco voy demasiado desencaminada con la metáfora, porque de verdad se te hace bola en el estómago. Y estoy cansada de que todo lo que me lleve a la boca me esté sentando mal.

¿Sabes qué es lo que más me está preocupando ahora mismo? ¿Lo único que es capaz de robarme el sueño?

El tiempo


El único "ente superior" en el que he depositado mi fe durante toda mi vida es el que ahora me hace pasar las noches en vela. Quiero saber hoy lo que voy a vivir mañana, pasado, el mes que viene... quiero saber anticiparme, quiero que mis deseos se cumplan ya por mucho que me digan que "todo llega a su debido momento". Confío ciegamente en el poder del tiempo, es el mejor maestro; pero peco de impaciencia crónica. ¿Entiendes mi desasosiego? ¿Mi insatisfacción? ¿De verdad? Porque yo aún no lo consigo. No me preguntes como me siento porque no te sabría contestar. 

Cada día busco algo distinto a lo que aferrarme para mantenerme cuerda. Se que lo que haga hoy a lo mejor ya no me sirve mañana. ¡Acabo de deshacerme de mi escritorio, por el amor de Dios! Por más cambios que he hecho en mi entorno aún no llega ninguno a mi vida y es esta incertidumbre la que me está matando poco a poco. Solo tengo que conseguir que no haga metástasis, pero no se cuanto tiempo más podré aguantar. Otra cosa curiosa. Algo que siempre me sorprende. Siempre, SIEMPRE, serás más fuerte mañana de lo que creías hoy. ¿Lo que no te mata te hace más fuerte? Cierto. Tan cierto como que La Tierra es redonda. 

¿Qué los sentimientos varían y nunca son igual de intensos? Cierto también. Más de una vez creí sentir un amor que nunca daría la vuelta, que siempre iría hacia arriba. Y fue tan bonito. Me hacía tan feliz albergar esos sentimientos que me levantaba cada día con una sonrisa y ansias de comerme el mundo a grandes bocados, aunque fuesen sentimientos que solo sentía, valga la redundancia, yo. 

Creo que, después de todo, sigo con mi inocencia incorrupta. Sólo un poco magullada, pero de las magulladuras te recuperas, la piel se regenera, las sombras se van. ¿Hago bien en seguir siendo inocente y confiada? No lo se. Tampoco creo que lo llegue a saber nunca, pero hasta ahora ha sido mi modo de vida. No quiero dejar de soñar, aunque mis sueños se cumplan dentro de 5, 10, 15, 20 años, porque ese es mi motor. Y todos sabemos que un coche sin motor no avanza. Ya llegaré a mi destino, simplemente voy a encender mi reproductor y a dejarme llevar. A lo mejor ahora me siento a oscuras en una carretera desconocida, pero eso es algo que no dura eternamente. Después de las curvas llegarán los tramos rectos, después de la oscuridad volveré a ver la luz de alguna farola, o del propio sol que salga ante mi y me deslumbre. No pienso dejar de conducir. 

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