7 abr. 2017

Máscaras

No me gusta el mundo en el que vivo. No me gusta esta sociedad, La exaltación de lo absurdo, la ridiculización de los sentimientos, el figurar, aparentar y nunca demostrar. Esconderse tras una máscara hasta hacerla propia. Eso no va conmigo. Los cortes se notan después de todo, el elástico corta la zona del pelo, pero lo obviamos porque, está tan bien ajustada, que pensamos que no puede diferir demasiado de lo que hay debajo.

Pese al bombardeo de mensajes positivos, de que estamos en la mejor época de la historia, de que todo es maravilloso y de color de rosa, no lo es. Hay una cosa en la que, a lo mejor, nadie reparó antes de dar el pistoletazo de salida al "futuro"; la humanidad. Se actualiza nuestro presente, pero en los libros se nos sigue educando como hace 20 años. La generación clave de este progreso diría que es la mía, la nacida en los 90s, la que tiene una mente más moldeable, habiendo crecido con los valores de antaño y siendo testigo de los cambios de hoy. Las generaciones anteriores van a asemejarse más a nuestros padres, conservando pensamientos más clásicos, las posteriores vienen con un smartphone bajo el brazo y rinden pleitesía a San Google y derivados, no necesitan creer en nadie más.
¿Y nosotros? Los que estamos en una horquilla que abarca entre los 23 y los 27, que vivimos parte de los 90 de una forma más consciente, que vivimos el cambio de siglo antes de llegar al metro de altura. Nos sentimos preparados para todo, listos para absorber el futuro en vena, los portadores de las nuevas filosofías, con las que encarrilar a las generaciones que están por venir.

Me acabo de dar cuenta de que no se a donde quiero llegar con esto. Quiero ensalzar a mi generación por ser la que ahora mismo lleva las riendas de forma general, nos estamos convirtiendo en el adulto medio de todas las encuestas y estadísticas. Tenemos un papel tan importante que a veces no somos capaces de ver.

Lo siento, no puedo seguir. Hoy me he levantado con el dolor en el pecho. Probablemente tenga que salir a pensar, o a no pensar, según a donde vaya.

Hoy no me siento con ánimos ni con fuerzas para hablarte, perdóname. Voy a cerrar los ojos con la esperanza de abrirlos cuando todo haya pasado. Voy a ponerme la máscara, aunque no me guste en absoluto. Mi verdadero "yo" no está en condiciones de ser visto.


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