6 abr. 2017

Musa del sosiego

Hay noches en las que quiero dormirme enseguida sólo para poder hablarte de nuevo al día siguiente. No quiero repetirme durante el día por no parecer demasiado histérica. Apunto las ideas para no dejarme ningún cabo suelto. En momento así me encantaría adorar a mi musa o echarme a reír de frustración, según el grado de cinismo con el que cuente en ese momento. Puede que cinismo no sea la palabra más adecuada. No quiero decir que considero cínico ahora mismo.
¿Y si fuera más mordaz? ¿Cómo sería todo?

A veces digo cosas que no quiero decir.
A veces digo cosas que no siento realmente.
A veces no quiero decir las cosas que siento.
A veces no quiero sentir las cosas que digo.

No soy perfecta, no soy excesivamente lista, ningún prodigio, pero admito mis faltas y procuro aprender de ellas.
Creo que las respuestas perfectas definitivamente no existen. Esas frases ingeniosas solo surgen de miles de brainstormings de guionistas hipercafeinados que nos hacen llegar a creer que podemos soltar citas impresionantes y dignas de ser recordadas, de una forma espontánea.

Con la mano en el corazón, voy a decirte esta vez que no hay culpas, por parte de ninguno de los dos bandos. Yo no tuve la culpa de sentir, tú no tuviste la culpa de tener otras expectativas.

Tengo tantísimas preguntas dentro que temo van a quedar sin respuesta. ¿Resulta tan difícil hablar? Estoy ligeramente cansada de que las cosas terminen sin diálogo. Un corte seco y adiós cabeza. Te lo digo desde ya, no es la mejor manera. El silencio duele más que las palabras a tiempo. Ojo, no nos confundamos a estas alturas. No estoy triste, no estoy dolida. Hoy, ahora mismo, como me siento es inmune. Con unas enseñanzas de vida que no me hubiera gustado aprender de esta forma pero que, al mismo tiempo, ya debería de tener aprendidas.

No estoy cerrando puertas, tampoco las estoy abriendo. ¿Que me gustaría saber qué hay dentro de la habitación? Por supuesto. Pero hay dos cosas que tengo muy interiorizadas a día de hoy: que la curiosidad no va a matarme y que, aunque entre, siempre habrá escondrijos en esa habitación que no conseguiré ver. Porque no es la mía.

Y por otra parte, mal o bien, me siento a gusto conmigo misma. He descubierto que, muchas veces, no hay mejor compañía que la de una misma, que una cosa no quita a la otra. Necesitamos de compañía exterior tanto como de soledad, siempre y cuando seamos lo suficientemente fuertes de mente para sobrellevarlo sin rayar en la locura.

Creo que, después de todo, si, me he vuelto más fría, más fuerte, pese a todo. Si no, no habría sido capaz de esperar tanto sin recurrir a medidas mayores.

Descuida, no voy a engullir un bote de pastillas, no tengo ganas. Tengo planes en la agenda que quiero cumplir. Esto es una oda a lo bien que me siento, no a los problemas del día a día. Una especie de "Mr. Wonderful" abarcando todas las opciones. Y ya que estuvimos con el tema de las citas memorables, voy a tomar una pequeña licencia de una canción que descubrí hace pocos días.

¿Crees que el silencio puede borrar los recuerdos?



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