10 abr. 2017

¿Si muriera mañana?

Hipotéticamente hablando, ¿cuántas probabilidades hay de que, tras enunciar algo del tipo "si muriera mañana no habría hecho...", realmente murieses al día siguiente?
Un infarto, una maceta en la cabeza, que te atropelle un camión, que te caigas por un barranco, un resbalón en la ducha, te atragantas... hay tantas posibilidades de morir cada día y de formas sencillamente absurdas. No conozco el dato, pero seguro que las probabilidades no son tan escasas como cabría esperar.

Hoy no vendré con teorías ni frases hechas debajo del brazo, voy a hablar de forma sencilla, como hablaríamos delante de un café. Ahora eso está muy de moda, coges un café y sueltas la chapa. Te voy a ser sincera, no tengo un café delante, puede que lo tenga dentro de un rato, en verdad eso no es un dato relevante.

Si murieras mañana, ¿qué harías hoy? Si conocieras el dato. No vamos a ser escabrosos, supón que en lo que termina el día te metes en la cama y termina todo, quedarás ahí de una forma tranquila, serena e indolora. ¿Qué harías antes de meterte en esa cama? ¿Qué dirías? ¿Cumplirías sueños grandes como saltar en paracaídas o usar tus últimos ahorros en viajar a ese destino soñado? ¿Arreglarías esos cabos sueltos de tu vida que fuiste dejando para más adelante? O como todo va a terminar, ¿qué sentido tendría?

Cada persona es un mundo. Cada mente es un océano. Podemos encajar en ciertos estereotipos, en ciertos clichés. El ser humano tiende a agruparse para crecer, el sentimiento de sociedad que es característico de nuestra especie. Por eso erramos tanto cuando generalizamos. Las generalidades son dañinas para ciertas sensibilidades que a lo mejor no sabemos tantear de entrada, o que nos imaginamos que estarán en nuestra misma línea y no lo descubrimos hasta meter la pata hasta el cuello.

Si yo muriera mañana, a día de hoy, probablemente me quedaría esperando en la susodicha cama. Me llevaría todos mis platos favoritos y estaría comiendo y viendo series o películas para no pensar hasta que llegase la hora. ¿Una decisión triste? ¿Cobarde? Puede. Pero moriría feliz. Mis cabos sueltos no me retendrían una vez llegada la hora. No le debo nada a nadie ni he obrado mal con nadie. Me iría con la conciencia tranquila.

Sería una gran putada morirse mañana, para qué engañarnos. Ahora que empiezo a despegar.

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