4 abr. 2017

Vaciar la mochila

El edelweiss nace bajo condiciones adversas en las zonas de alta montaña. Tan blanca, tan delicada; al verla podrías pensar que se trata más de una flor de interior demandante de atenciones.
La orquídea es de las flores más delicadas que conozco, personalmente, y mucha gente compartirá esa opinión conmigo. Un solo movimiento en falso, una medida equivocada de agua, una exposición errónea a la luz, y la flor se muere.
¿Debemos menospreciar el edelweiss ante la orquídea porque damos por sentada su fortaleza y sus ganas de resistir? ¿Resulta una obviedad prestar más atenciones al frágil por el mero hecho de su condición?

Si tuvieras que elegir entre ambas, ¿cual dirías que soy? Me gusta pensar que soy como el edelweiss, pero también me gusta recibir atenciones de vez en cuando sin necesidad de ser una flor más frágil. No es algo tan descabellado, ¿no? Hasta el más fuerte necesita un apoyo, hasta el más frágil necesita la oportunidad de superarse a si mismo.

Hoy no te voy a hablar de señales, ni de sensaciones, vacíos, dolores ni fuerza de voluntad. Esos temas están ya bastante trillados. Ayer te dije que no me preguntaras como me sentía; hoy, en cambio, si te quiero contar qué llevo por dentro.

Tengo miedo. Tenía miedo desde finales del año pasado, pero ahora se ha convertido en un estado permanente. ¿Qué puedo esperar de un año en el que, nada más empezar, me rompo media cara contra el suelo? Un año que empezó mejor de lo que imaginaba y que se torció de forma inesperada. Recuerdo haber escrito un "¿ya está? ¿Ya he tenido el mejor día del año?" y ahora tengo miedo de que esa pregunta sea real después de todo.

Lo has notado, ¿verdad?. Hoy estoy menos elocuente que estos días atrás. Es raro, me he despertado con una sensación extraña, a medio camino entre confusión y tranquilidad. Se que suena incongruente, pero no se definirlo de otra manera. ¿Sabes cual es el problema? Tengo un peso en el corazón que no se como eliminar. Hay una metáfora que recuerdo mucho de los profesores en el instituto, supongo que entre los psicólogos también será común, el caso es que nos viene a hablar de una mochila y unas piedras.
En nuestra vida vamos llenando nuestra mochila con diferentes piedras, lo que la va haciendo cada vez más pesada, lo que nos frena el avance y nos agota. Es entonces cuando tenemos que parar, vaciarla y volver a arrancar con un nuevo espacio y unas nuevas energías. No recuerdo del todo bien los detalles de esta metáfora, pero supongo que, a parte de piedras, en la mochila habrá también otras cosas de mayor utilidad que, aunque pesen, debemos conservar. Por eso solo tenemos que deshacernos de las piedras. Pero nadie dijo nunca que tipo de piedras estabas metiendo en el saco. ¿Y si tienes una piedra preciosa? Un rubí, una esmeralda, un diamante, que lo significa todo pero que tienes que dejar a un lado del camino. Es una vía de sentido único, no podrás dar la vuelta sin que te caiga una sanción. Puede que tengas que pagar por recuperar esa piedra preciosa en un momento dado si no te andas con cautela.
Pero, ¿y si logras desarraigarte de esa piedra preciosa?. Te vas a quedar ahí, de pie, mirándola, mientras poco a poco va mutando, convirtiéndose en un canto rodado más, igual al resto. ¿Cómo vas a sentirte cuando veas ese cambio? Porque si, lo estarás viendo de otra manera, pero el recuerdo no se borra. Tendrás que tener la fortaleza necesaria para asumir que va a seguir ahí, para no dejar que te afecte, porque siempre vas a saber que esa piedra, ahora gris, angulosa y afilada, antes fue una piedra pulida y suave, brillante y especial.
He hablado de las piedras, pero no de la mochila. Creo que a estas alturas resulta evidente cual va a ser esa mochila. Efectivamente, el corazón.

¿Sabes? Más de una vez he deseado sentir menos, pese a todo lo que digo siempre de lo bonito y maravilloso que es sentir intensamente. Pero se hace tan cuesta arriba, me siento tan sola a veces.

Hoy tengo verdadero miedo y demasiadas palabras que se hacen bola en el pecho. ¿Te acuerdas de los paseos en las fases del duelo? He viajado de la ira a la depresión. No se en donde estaré mañana. Solo se que hoy el sol no brilla lo suficiente y el oxígeno escasea. Solo quiero vaciar la mochila, ¿por qué es tan complicado?

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