8 jul. 2017

El malo malísimo Leroy Brown

Cuando Google keep no quiere colaborar y tienes que volver a empezar de cero. Internet nos ha hecho vagos, pero debemos asumir las batallas perdidas y hacer las cosas por nuestra cuenta. Si quieres algo bien, hazlo tú mismo. Se que en este caso es una motivación absurda, pero motivación al fin y al cabo.

En fin, ¿cómo estás? Ya se que ha pasado bastante tiempo. Y tengo más de una excusa, por si alguna te resulta válida.

La principal supongo que es que dejé de creer en mí, por consiguiente, dejé de creer en ti. Dejé de creer en absolutamente todo. En el mundo, en las personas, en el tiempo, en la época... Me aferré a la idea de estar sola y en lo extrañamente bien que me hacía sentir. En lo malo o bueno que eso resultase. Es rompiendo los límites cuando nos damos cuenta de en qué sitio exacto queremos estar, ¿no? Contemplas el abanico abierto sabiendo que el lugar que elijas estará bien y acorde a tus preferencias, a tu forma de sentir. Creo que he encontrado mi límite de soledad, supongo que ahora lo que me queda es aprender a gestionarlo de forma eficiente.

La segunda excusa es la procrastinación. Internet nos convierte en vagos, vuelvo y repito. Me refiero concretamente al hecho de haber aprendido a controlar Youtube en el ordenador desde el móvil y usar ruidos blancos para leer en la cama. Esas son mis vidas ahora, las que vivo en unas cuantas páginas. Y si quieres que te sea sincera, me siento orgullosa de todas y cada una de ellas.

También he sentido curiosidad, dudas que no se si resolveré algún día. Que no me quitan el sueño pero si me generan un diálogo interno de duración considerable. Si, sigo haciéndome las entrevistas mentales. Cada uno tiene sus métodos.

Otra excusa puede ser el hecho de estar trabajando. Dirás que no vale porque no ha sido de forma diaria hasta hace poco, y te diré que tienes razón. Pero ya lo sabes, soy una señora procrastinadora y vaga. Digo señora en connotaciones reales, estar en paro me ha convertido en una señora que cose y que se está tejiendo su propia colcha. De aquí a invierno espero tenerla terminada. Prometo enseñarte el resultado.

Me he preguntado en varias ocasiones como soy ahora, qué imagen transmito. Si sigo siendo buena, inocente e ingenua o si por el contrario soy un alter ego femenino del malo malísimo Leroy Brown

El hombre más malvado de toda la ciudad~♪♫

Aunque si lo pienso detenidamente, en realidad me da igual. Se que sólo yo tengo la fuerza y la capacidad de seguir hacia adelante, no hay príncipes azules que vengan a rescatarme en un noble corcel. Yo soy mi propia princesa salvadora, mi propia princesa guerrera. Tengo miedo de haberme acostumbrado demasiado a ser yo conmigo misma, a no llegar a aprender nunca cómo comportarme en sociedad. En ese sentido, sigo una niña temerosa que es incapaz de filtrar lo que piensa antes de soltarlo por la boca, por eso he estado optando por callar y observar. Absorber como una esponja los comportamientos del resto y cribar hasta moldearme de cara a los demás. De puertas para adentro sigo siendo yo misma, un poco más cínica, un poco más insensible, dura y fría, quizá calculadora. ¿Qué? ¿Debo meterme ya una navaja en el zapato? Bad, bad Leroy Brown.

Pero, ¿sabes una cosa? Estoy tranquila, se que estoy dando lo mejor de mi, y tengo la extraña sensación de que se avecinan buenos tiempos. Se que en un principio dije que 2017 iba a ser mi año y si, llevamos ya más de la mitad, pero sigue siendo 2017. Y si algo fabuloso tiene la vida es que puede cambiar completamente cuando menos te lo esperas. Hace poco vi una frase de Walter Riso que he adoptado como filosofía relacionada con todo esto: 

“El amor -decía Tagore- es como las mariposas: si tratas de alcanzarlas desesperadamente, se alejan; pero si te quedas quieto, se posan sobre ti.” 
Walter Riso, Deshojando margaritas, p. 35

No lo apliquemos sólo al amor, si no a las cosas buenas en general. Antes pensaba que si deseabas algo siete veces terminaría sucediendo, que si te imaginabas como querías ser en un futuro lo alcanzarías, (si querido, te he ahorrado leerte "El secreto" en una sola frase). No dejo de creer en la ley de la atracción, ni en los deseos, soñar despierta me mantiene viva y, por qué no admitirlo, cuerda. Pero no voy a salir presurosa a la caza de la vida perfecta, puesto que es algo que llega solo. Me quedaré quieta en ese sentido, dando lo mejor de mi y, como un imán, las mariposas llegarán a su debido tiempo. Y estoy completamente segura de que la espera habrá merecido la pena. 

Si vuelvo a tardar tanto en hablarte, no te enfades, no me olvides. Recuerda que estaré quieta, esperando a que me encuentres. A que llegues con tu casaca azul y escapemos a los lomos del dragón, al que ya tendré dominado. 

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